Ser
actor es una elección que implica definiciones políticas y económicas. La lucha
por una jubilación y por las leyes que faltan son los motores para la
organización. Un recorrido por la historia y los desafíos de la Asociación
Argentina de Actores y por su rol en la defensa de los derechos de los trabajadores
de las artes escénicas en el centro del país.
Trabajar como actor es también encontrarse sin un peso a la
edad en la que la mayoría de los trabajadores se encuentran con una jubilación.
Elegir la actuación es una apuesta por el arte que conduce a la organización
colectiva como estrategia de supervivencia y de creación.
Desde hace varias décadas existe en Córdoba un gremio que
nuclea a los actores y actrices de la provincia. Se trata de la Asociación
Argentina de Actores, un sindicato nacional que se conformó como delegación a
nivel local enarbolando los derechos de los trabajadores del teatro, del cine y
de la televisión como banderas desde donde construir una identidad común.
Los
pasos previos
Juan José “Toto” López está en Casa Grote, “un lugar para
creer”, que se erige en pleno corazón de barrio General Bustos de la ciudad de
Córdoba y que pronto cumplirá 15 años de vida. En la cocina están armando las
empanadas que esta noche alimentarán a quienes participarán de la velada
teatral. En la galería, Toto deshilvana recuerdos con la mirada encendida,
mientras saluda a los actores que se preparan para la función que comenzará en
un par de horas.
¿Cómo fueron los inicios de la organización gremial de los
actores en Córdoba? Ante la pregunta, una imagen tan viva se desprende del relato
de Toto, que la acción parece estar sucediendo en este instante: un grupo de
actores corren perseguidos por la Triple A y uno de ellos tira al río unos
papeles. Cuenta Toto: “En 1975 vino a Córdoba el ‘Beto’ Brandoni, que era
secretario gremial en esa época. Nuestra sede ya funcionaba en el Teatro del Boulevard.
Tras la figura de Miguel Iriarte nos parapetamos nosotros. Estábamos en un acto
y cayó la Triple A. Salimos disparando. Ivo Oyola tenía un cajoncito con todas
las afiliaciones. Como el Teatro del Boulevard tenía una ventana que daba al
río, el Ivo saltó por la ventana y corrió en calzoncillo y suecos. Iba tirando
las tarjetas al río para que no las agarraran”.
Toto recuerda y se ríe con los ojos mojados.
El gremio había nacido al calor de la lucha obrera y
estudiantil del Cordobazo y tomó forma con el peronismo de 1973. En esa época
nacían grupos de teatro que no se sentían contenidos con la dramaturgia
heredada de las generaciones anteriores y consideraban urgente expresar lo que
pasaba a su alrededor. Esa lucha expresada en las barriadas, en las villas, en
el campo, en las fábricas, en la universidad, en los colegios secundarios, generó organizaciones nuevas y creó grupos de teatro
que apostaron a la creación colectiva como fórmula de expresión y producción.
“La creación colectiva es un fenómeno de la ebullición de aquel
momento, trasladado al teatro. Allí, –al calor del grupo Libre Teatro Libre,
del grupo La Chispa, del Teatro de Grupo (de César Carducci), del Teatro
Estudio Uno de Villa El Libertador– trabajamos con esa metodología, estábamos
investigando, balbuceando lo que hoy se llama dramaturgia de actor”, recuerda Toto.
El método era más o menos así: alguien escribía y los otros
improvisaban sobre, por ejemplo, un conflicto gremial. “Entonces íbamos a la
puerta de la fábrica a actuar el conflicto, porque había un capataz que era pro
patronal, y hacíamos una referencia a eso con los trabajadores en los
sindicatos, en el movimiento estudiantil, en las tomas de fábricas, en los
barrios, en las parroquias”, relata el integrante del Grupo Los de la Vuelta,
que en sus largos años de carrera también hizo ficción en televisión y hasta
una publicidad para una marca de galletitas.
“Ahí decidimos fundar el gremio”, resume Toto. Era 1973 y el
primer gremio que fundan nace con el nombre de SITRATEA, en clara alusión al
SITRAC-SITRAM, el sindicato de los trabajadores de MaterFer y de ConCord. “Fijate
vos la tremenda identificación que teníamos con el movimiento obrero, que
nuestro sindicato se llamó así. Fuimos a las elecciones con el sector peronista
y ganamos por un voto: 151 a 150. Fue una elección histórica. Fuimos a pedir el
reconocimiento de Buenos Aires en un Citroën, todos emponchados. ‘Uh, ahí llegan
los montoneros’, decían allá. Haciendo referencia no al movimiento peronista,
sino a las montoneras de los federales del interior. Íbamos a patear el
tablero. Peleábamos por el gremio”.
El sindicato de los actores siguió funcionando hasta
finales del 75. “Todos habíamos sido amenazados por la Triple A versión Córdoba:
el Comando Libertadores de América. Si hacía una función el Libre Teatro Libre,
nosotros les hacíamos una guardia de seguridad. Y ellos a nosotros. Tenemos
varios chicos desaparecidos del Teatro Estudio 1. Un compañero del grupo La
Chispa fusilado. El lunes 1° de junio de 2015, Luciano Benjamín Menéndez fue
condenado por el fusilamiento del actor Jorge Diez y otros dos militantes de la
Juventud Universitaria Peronista (JUP). Por eso esta sala se llama Jorge Diez,
en homenaje a ese gran compañero”, cuenta Toto.
Con la dictadura, los grupos se dispersaron y la mayoría de
sus integrantes se exiliaron. Graciela Mengarelli y María Escudero, secretaria general
y secretaria gremial respectivamente se fueron, la primera a Brasil y la
segunda a Ecuador, donde fundó el grupo de teatro Saltamontes.
Toto López fue secuestrado el 20 de abril de 1978 por una
patota de unas 10 personas vestidas de civil en la verdulería que tenía en el
barrio Iponá de la ciudad de Córdoba. Fue encapuchado y trasladado a lo que
después supo que era el centro clandestino de detención La Perla. Después de
salir en libertad y de un encuentro con Brandoni y Federico Luppi, empezaron a
reactivar la Asociación Argentina de Actores.
Pedían generar una industria teatral, que existieran
cooperativas de trabajo, que empezara a normalizarse y a regularse la
actividad. “Queríamos ser profesionales y vivir de nuestro trabajo,
independientemente de los compañeros de los elencos estables de la Comedia
Cordobesa o de la Comedia Infanto Juvenil, que estaban encuadrados como
empleados públicos de la provincia”, explica Toto.
Después de la reunión con Brandoni intentaron recuperar el
espacio gremial: “Todavía estaban los milicos, estaba prohibida la actividad
sindical, las reuniones. Fuimos audaces. Yo estaba con libertad vigilada así
que no podía salir de la ciudad de Córdoba. Invitamos a Cheté Cavagliatto, a
José Luis Arce, a Omar Res, Adelina Constantini, a Silvina Reinaudi, a Luis
Lucero y a Horacio Gramajo. Ese era el grupo originario. Después ampliamos y
armamos una lista”, dice Toto. Y agrega: “Sabíamos que en las asambleas había
servicios de inteligencia de los milicos y de la Policía. En esa época estaba
todo regido por el Tercer Cuerpo del Ejército. Pienso en el coraje que tuvimos.
Y un poco de inconciencia. Pero necesitábamos pelear por la legalidad”. Y el
gremio se hizo fuerte.
Luchas
históricas y recientes
La jubilación de los actores siempre estuvo en la agenda
gremial y continúa siendo una materia pendiente, aunque en los últimos años se alcanzaron algunas
conquistas. A nivel municipal se creó el Fondo Estímulo a la Actividad Teatral Cordobesa
(FEATEC) y del ‘Teatres’ entre finales de los noventa y comienzos del nuevo
siglo, lo que abrió una pequeña grieta desde donde gotean recursos para los
grupos de teatro independiente en Córdoba. A esto se sumaron las líneas de
fomento aplicadas desde la Dirección de Cultura de la Provincia, hoy llamada Agencia
Córdoba Cultura.
El Instituto Nacional del Teatro (INT), conseguido también
en los noventa a fuerza de militancia, fue un logro inmenso para los hacedores
del teatro, en términos de la institucionalidad de la actividad y de
posibilidades de financiamiento para las salas independientes. El INT también
organiza concursos y otorga premios para los actores que se destacan, al tiempo
que aplica becas y subsidios para fomentar la actividad.
La denominada Ley del Intérprete fue otra gran batalla
ganada por los trabajadores. En 2008 y luego de 73 años de lucha, finalmente
los actores y también los bailarines argentinos lograron que la normativa fuese
reglamentada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Con esta Ley,
los actores y bailarines pasaron a percibir un pago por la emisión y repetición
de cada programa o película en la que hayan participado y que se emita por
televisión, en empresas de transporte (aéreo y terrestre) y en hoteles.
Esto se consiguió a partir de la reglamentación del
artículo 56 de la Ley 11.723 de propiedad intelectual que implicó reconocer los
derechos de imagen de los actores. Hasta ese momento los actores no percibían
ningún pago por la repetición de programas o películas en los que trabajaron,
mientras que las empresas que los contrataban sí recibían dinero por la
reposición de las obras.
Sin embargo, la Ley del Actor, que es la que garantizaría
una jubilación para los trabajadores de las artes escénicas, aún no fue avalada
por el Congreso. Es el principal asunto pendiente y una de las banderas que
defiende y promueve la Asociación Argentina de Actores.
María Malcoff, delegada gremial de la Asociación Argentina
de Actores en Córdoba, reconoce esta deuda aunque también rescata la aplicación
de políticas públicas de fomento a la producción audiovisual: “Desde hace
cuatro años se abrieron en el interior del país los concursos del Instituto
Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Eso dio una pantalla a actores
que no la tenían. Muchos de ellos migraron a Buenos Aires, que es donde está la
industria. Acá se han hecho diez mini series en estos últimos años, que han sido
premiadas”, analiza la actriz.
Con respecto al desarrollo del teatro en Córdoba, Malcoff
reconoce que “al no tener pantalla para los actores locales, el público no va a
ver las obras de teatro. Entonces dejan un vacío de trabajo. Todo lo que van a
ver al teatro es lo que ven por televisión. Si tuviéramos una pantalla más
caliente en Córdoba, con horarios centrales, programas nuestros, novelas
nuestras, el público vería a sus actores en la pantalla y luego en el teatro”.
Martín Cabrera es actor, murguista e integra la nueva Comisión
Directiva del gremio como delegado de comunicación y acción social. Recuerda: “Cuando
se hizo la serie La Purga, Pablo Tolosa estaba haciendo una obra teatral y la
gente que lo veía en Canal 10 lo iba a ver al teatro”.
Otro asunto es que en Córdoba no existe una mesa paritaria
local. Esto implica que la pauta salarial se define a nivel nacional en Buenos
Aires, donde funciona la casa matriz de la Asociación Argentina de Actores. Tampoco se aplica el derecho a la repetición
de la imagen en el interior provincial, lo cual representa una bandera de lucha
a nivel local en relación al Convenio Colectivo de Trabajo que rige la
actividad. La Ley provincial de Teatro es otro de los asuntos pendientes: nunca
fue aprobada.
“Acá estamos muy lejos de lo que cobraría un actor en
Buenos Aires. Los únicos actores que tienen vacaciones, aguinaldo y están en
blanco son los compañeros que pertenecen a la planta de la Provincia. Pero los
que son contratados por una o por dos veces, no cobran en las mismas
condiciones. Nosotros no tenemos relación de dependencia”, explica Malcoff.
Hoy un actor que trabaja en una mini serie puede cobrar
unos 75 mil pesos por tres meses de trabajo intenso. Si bien la suma resulta
considerable, el problema del actor es la irregularidad de sus ingresos. La
única alternativa de estabilidad es la de integrar un elenco municipal o
provincial. Sin embargo, los actores dicen que la Provincia hace años que no
realiza concursos y los cargos suelen ser vitalicios.
Frente a este escenario, Martín Cabrera y María Malcoff, que
pertenecen a generaciones distintas, reconocen al gremio como un espacio de
construcción colectiva necesaria para sobrevivir y pelear por los derechos
laborales de los actores. “Hace treinta años que soy afiliada. Siempre estuvo
el tema de la jubilación, de los productores que no quieren pagar, de las
paritarias. No había trabajo y estaban las listas negras. ¿Cómo subsistían los
actores en ese momento? Por las rifas de la Asociación Argentina de Actores”,
recuerda la actriz. Para Malcoff, el gremio es “un espacio de identidad”. Cabrera,
por su parte, dice que la intención es “recuperar el gremio como espacio de
pertenencia y retomar el diálogo entre compañeros”.
Mientras tanto, en la sede de la Asociación pasan actores y
actrices a presentar o solicitar facturas por trabajos que hicieron. Una de las
funciones esenciales de la entidad es hacer viable la facturación de sus
asociados. En el marco de un sistema solidario, el tres por ciento del monto
facturado queda para sustentar la obra social y tres por ciento para las
actividades del gremio.
Una
gota de lluvia
Jorge Villegas es director de teatro y un obstinado que
banca sus definiciones con el cuerpo. Eligió el teatro como un acto de
transgresión cuando estaba en el secundario. Hoy dirige el grupo Zeppelin
Teatro que está cumpliendo veinte años y hace poco dirigió la obra Tosco, de
Alejandro Finzi. Con una larga trayectoria, Villegas se ha convertido en un
hacedor cultural que elige el lugar incómodo de interrogar políticamente al
teatro.
Villegas se considera un laburante, está afiliado al gremio
y dice que para hacer teatro también hay que hacer otras cosas: “A la gente que
se dedica a la actividad artística le cuesta mucho vivir de lo que hace a no
ser que trabajes en la Comedia Cordobesa, donde ganan 12 mil pesos. El
independiente tiene que dar clases y juntar muchas actividades para ganar la
plata que te permita vivir, viajar y comprar libros”. Villegas explica que en
teatro ser independiente es una definición política sobre el arte: “El término independiente
se encolumna con el teatro de Leónidas Barletta, de Roberto Arlt, con las
décadas del 20 y del 30, con el teatro del pueblo”.
La independencia también se plantea en relación al Estado y
a las productoras privadas, que son las patronales por excelencia. Para
garantizarse condiciones laborales dignas –intentando sostener la libertad
creativa– los actores y directores cuentan con una larga historia de
organización que devino en la sanción de leyes fundamentales para la actividad
y que se expresó en el espacio gremial, pero también en una serie de
estrategias de supervivencia.
Hay quienes trabajan en la televisión, hay quienes integran
una cooperativa teatral, hay quienes cuentan con sala propia y hay otros que se
las rebuscan para mostrar su trabajo donde surja la oportunidad. Hay actores
que militan, otros que se resguardan en la figura del artista y hay quienes
conjugan ambas cosas.
“¿Por qué somos trabajadores?”, se pregunta Toto López.
“Porque cuando te contratan hay una relación de dependencia. Así vos hagas una
aparición de un minuto, ese minuto significa que soy un trabajador de teatro.
Hay algunos compañeros que dicen: ‘Ah, no, yo soy artista’. Nosotros somos
trabajadores con un capital acumulado, horas de culo sentado estudiando, horas de
cuerpo agitándose para que esté dúctil, lo que significa el estado creativo”,
reflexiona el actor.
Villegas prepara el mate antes de salir para la escuela
secundaria donde enseña teatro. Cuando sus alumnos le preguntan por qué hace
esto si tiene que viajar a dar clases en colectivo, él responde: “Si solo tengo
que ser una gota de lluvia en el desierto, seré la gota de lluvia”.
(Nota publicada en revista Energía + del mes de julio de 2015)




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