miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los poetas que escriben la música del lugar


El grupo ‘Pan Comido’ nació en las postrimerías de la década de los noventa para decir “Derrota No”. Hicieron radio, montaron recitales, editaron plaquetas y libros. El diálogo con el cuarteto, el rock y el folclore atraviesa el poema que se comparte. Ofrecerán un recital poético en la Feria del Libro de Córdoba 2015. 


 
El sol pega colorado en la línea del horizonte que divide el puente que cruza el Suquía, bajando derechito para el centro de la ciudad. El poeta camina con paso constante, mientras en sus oídos suena Radio Nacional, algún temazo de Jimenez o uno de Sumo, da igual. La única certeza es que en unos minutos, el cuerpo se dispondrá al trabajo y los versos que se hilvanen durante esos instantes de libertad deberán plasmarse lo más urgente que se pueda contra el papel, para ganarle así una batalla a otro día.

 

Del otro lado, en un barrio del oeste, el ruido de las máquinas se atrincheran en la mañana y el mate amargo empieza a correr entre las manos que pronto estarán armando libros o serigrafiando remeras. La chapa del techo cruje cuando calienta el sol y brama cuando llueve con fuerza. En el fondo, allá en la cocina, suena la radio como si estuviera dispuesta a disputarle el aire al ruido seco de la guillotina o al motor de la imprenta.  

 

Un poco más allá, una docena de hermanos sale a levantar una casa desde los cimientos. Entre revoques y encadenados, a uno de ellos las palabras se le aparecen ásperas y agrietadas como golpes de martillo y raspado de cucharas. Nada de suave, ni bondadoso, ni complaciente hay en esos versos, porque tienen la fuerza del golpe de un puño contra la pared. 

 

Con mi sangre escribiré un poema

 

Así los poetas se disponen a los días y el poema se propone urgente en el sonido de la panza que vibra cuando llega el mediodía, en medio de todo lo que pasa. La música es carne de lo que se escribe.

 

Canta Pablo Carrizo desde la plaqueta ´Pesos´ (2012): (...) esa ventilación que llaman música / tu latido / nuestra marcha / los gritos de nuestra marcha (...). También dibuja en su poema ‘Jimenez’:

 

Se descaderan cuando canta esos temas viejos

desde el cogote empiezan a bailar

mirá

los traba se enamoran

mirá la banda de guiñazú mirá los viejos

mirá la camisa que clavó ontivero

se descaderan

que querés

también

si esos temazos de Jiménez dan sed

mirá

la noche está a punto caramelo

mortal

se descaderan

rompiendo las rodillas

la vertical

de chiquitos

con aiwa

lo escucharon

con vapor de vereda

rayando el tiempo

y se descaderan.

 

 

Y manifiesta en ‘La noticia es el diluvio’ (2014), Alexis Comamala:

 

Si es posible revertir el canto que es

violencia de la lengua

cuánto se demora la lucha del sol

que es necesaria entonces

cómo evitar que ciertos gorriones

desesperados

beban las últimas gotas

dejen

algunas cenizas para los peces

sin agua

se ahoguen

en la poesía  

 

Belleza obliga, derrota no

 

Pan Comido empezó a remontar el vuelo colectivo de la poesía en el año 1998. Lo integran Juan Stahli, Fabricio Devalis, Ceferino Lisboa, Andrés Rubino, Fernando Bellino, Sebastian Cantoni, Alexis Comamala y Pablo Carrizo.

 

Allá por los inicios de este siglo, el Grupo de Poesía Pan Comido hacía sus primeros recitales poéticos en un intento por generar una experiencia distinta a la tradicional lectura silenciosa y engolada. Los primeros sonidos, habían surgido en la radio. El programa semanal se llamaba “Derrota no” y se emitía por la Radio Revés 88.7. Bajo el mismo nombre, el Grupo editó su primer plaqueta colectiva y motorizó a un ciclo de producción y escritura que parió otras colecciones y formatos.

 

En 2005, Pan Comido irrumpió otra vez en la escena de la poesía con la compilación “Belleza obliga”, que también se tradujo en una puesta poético-musical en la Casona Municipal. Las imágenes proyectadas en el fondo, la música de Nicolás Disandro en la consola y los poetas sucediéndose como en un videoclip, lograron que el público se apropiara de un registro a veces presentado como ajeno a la percepción del sujeto común: lo volvieron comestible como el pan.

 

Junto a la Gráfica 29 de mayo co-edita desde el año 2009 los libros de la Colección ’Música del Lugar’, que busca “tonadas en la experiencia de la poesía presente”. Así, la musicalidad fue dibujándose como objetivo y mapa de posibilidades para el poema colectivo que se comparte, como el pan.  

 

“Con mi sangre escribiré un poema” fue el tercer formato de recital poético al que apostaron estos laburantes del verso en 2013. La frase corresponde a un tema de Carlos ‘La Mona’ Jiménez -como si hiciese falta aclararlo- y sonó como un puñetazo en el oído desprevenido de aquellos que esperaban encontrar una escena poblada de adornos y remilgos. Se encontraron en cambio con una poesía que nace en el barrio, donde Jimenez es el poeta más respetado. Sus palabras se invocan con el cuerpo, con las caderas y los pies en la historia de todo lo que sucede.     

 

Pero no es posible hablar de Pan Comido, sin que resuene allá en el fondo la memoria de ‘El pan duro’, un grupo de poetas que marcó la década del 60. Integrado por poetas que proponían una poesía militante y popular, este grupo ya ponía en práctica la edición cooperativa de sus trabajos. Su primer publicación, como un anuncio de lo que vendría, fue “El violín y otras cuestiones”, de Juan Gelman en 1956.

 

Así fue que transformando este legado, a  partir de la nada que había instalado la década del ‘90, los Pan Comido se definieron desde la militancia, entendiendo que no es posible dividir el hambre de poesía y la política. Con estas ideas que persisten en la cabeza y en el cuerpo, antes de fin de año planean lanzar una nueva colección: “El juego en que andamos”, en clara referencia y homenaje a Gelman y a la lucha de su generación. 

 

Mi tropa está en la huella

 

Siguiendo el rastro que ha dejado un poeta de la música popular, el ‘Chango’ Rodríguez, en 2014 los Pan Comido se le animaron a “Mi tropa está en la huella”, donde la música es en vivo. “Desde el vamos fue sencillo pensar que algún un día saltaríamos a la huella todos juntos”, explican los poetas, que en esta ocasión reunieron sus voces con la música de El Mano, Lucas Heredia, Gastón Testa y Roque Flores.  

 

En la letra, en el sonido del verso que conversa con la música, se los escucha caminar constante a los poetas. El poema viene con el sonido de los días que se empujan. Su música es la argamasa de un pan que se cocina lento, entre cuerpos transpirados que se encuentran en el cordón de una vereda, en un patio amplio donde se habla y se baila, en una noche de cielo regado con asado, guitarras, ferné y vino tinto.

 

Nada hay más allá de estos pequeños submundos que suenan, donde la creación se abraza como un fuego, una noticia que permanecerá en secreto hasta que la necesidad llame a la música, hasta que la sangre se escriba como un poema.
 
(Nota publicada en la revista 'Deodoro' del mes de septiembre de 2015)

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