miércoles, 2 de diciembre de 2015

La calle, último refugio de la irreverencia


Hacer arte fue su mayor acto de militancia política. Impulsor del movimiento que encendió las calles en la década del ´70, Juan Carlos Romero afirma que el espacio público urbano constituye uno de los reductos irrenunciables para el arte, en términos de irreverencia política y estética.

Integrante de un sinnúmero de colectivos artísticos en argentina, Romero formó parte de una generación que fundó el paradigma de la práctica artística como gesto de compromiso político y social en Argentina.

En honor a esta trayectoria, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) le entregó el Premio Cultura “400 años”. Sucedió en el marco de su visita para inaugurar la muestra “A 41 años de la masacre de Trelew”, co-organizada por el gremio de los docentes e investigadores universitarios (Adiuc), la Secretaría de Extensión (SEU-UNC) y la Facultad de Artes. Romero sonríe cuando hablamos de su obra en los espacios de exposición, porque dice que lo “llaman ahora”, cuando sus creaciones hablan de (y desde) otro tiempo. Romero es un artista que históricamente se negó a renunciar al poder que habita en las calles y eso le valió quizás, años de invisibilidad. Su trayectoria de militancia en el campo del arte lo llevó a hablar desde Trelew, hasta Jorge Julio Lopez, pasando por el 24 de marzo y el Bicentenario de la patria.

Trelew

El 22 de agosto de 1972 las fuerzas de la Marina asesinaron a quemarropa a 16 militantes presos en el Penal de Rawson y que habían intentado fugarse. Esa madrugada se presentó a la muerte como solución posible frente a la insurgencia. Los muertos fueron once miembros del ERP, tres de FAR y dos de Montoneros. María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar, fueron los tres únicos sobrevivientes de la masacre. Francisco “Paco” Urondo – poeta, periodista y militante político - los entrevistó y publicó en 1973 “La patria fusilada”, material editado originalmente con la revista Crisis y más tarde, ese mismo año, en Descamisados.

En términos de Ana Longoni, alusiones artísticas como la de Romero a la masacre de Trelew y a los sucesos de Ezeiza (la derecha peronista armada disparando a mansalva sobre la multitud reunida el 20 de junio de 1973 en el aeropuerto, para recibir a Perón tras 18 años de exilio) “otorgan a estas obras cierta condición de conmemoración pública contraoficial (de una otra oficialidad), de recordatorio ante un aniversario, de monumento efímero”. De alguna manera, este tipo de demostraciones artísticas se convirtieron en relatos históricos emergentes, frente a un escenario de censura y represión.

Cuenta al respecto Juan Carlos Romero (JCR): “La primera vez que monté la muestra de Trelew, fue en el mismo lugar en que estuvieron los fusilados. Ahora es un Museo, detrás del aeropuerto de Trelew, donde estuvieron los dieciseis. Ellos se entregaron ahí, y en el mismo lugar donde se entregaron, hicimos la exposición, pusimos sus fotos”.

 

¿Cómo describiría esa experiencia?

JCR: Fue muy fuerte. No sólo haber estado ahí, sino por estar en el lugar donde los mataron. Pudimos entrar al organismo del Ejército, de la Marina. Estuvimos en las celdas. Fue muy trágico, es muy triste ver ese lugar al que uno jamás pensó volver. Fui hace cuatro años. Hicimos una performance. Pusimos unos carteles con los nombres de los 16 fusilados, los atamos con unos cordones rojos y recorrimos la ciudad, hasta la plaza principal.

 

¿Cuál considera que es la huella más profunda que nos dejó Trelew?

JCR: Bueno yo creo que fue el anticipo de lo que fue la matanza posterior. Fue un ensayo de lo que después fueron los 30 mil desaparecidos. Con el tiempo me di cuenta de eso. Después dieron una chance con el gobierno democrático que duró muy poco, en la primavera de Cámpora. La segunda parte, ya fue un anticipo de los militares.

 

De hecho, más tarde, en el marco del periodo que se denominó la “primavera camporista” (entre agosto y diciembre de 1973) vino una resignificación artística de aquella primera masacre, que se denominó “Ezeiza es Trelew”…

Si, esa la hicimos al año de haber ocurrido la masacre de en Rawson. Fuimos convocados por una organización que se llamaba “Artistas con Acrilicopaolini”, esa empresa pedía que trabajáramos con acrílico. Nosotros hicimos un muro con unos bloques muy grandes que se podían autosoportar y pegamos de un lado, imágenes de Ezeiza – donde están levantando a un joven de los pelos, un tipo de Osinde levantando un montonero - y del otro lado, las de Trelew. Esas imágenes nos las dio un grupo de gente del ERP, eran los afiches que pegaban en aquel momento. Se empezó a escribir con aerosol en el piso “Ezeiza es Trelew”. Ana Longoni dijo que era la primera vez que la calle se llevaba al museo.

 

¿Cuáles fueron las reacciones en aquel momento?

Fue muy interesante. El público respondió muy bien, pero la gente del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, reaccionó echando al responsable del Museo. El acrílico no llegaba nunca. El director preguntaba, ¿dónde está el acrílico? Era una tarjeta que había hecho un artista que se llama (Edgardo Antonio) Vigo, de La Plata. En la tarjeta había una gota de sangre. Perla Benveniste estaba en el grupo y trabajaba con acrílico. El Decano de Derecho nos pidió que lleváramos la obra a la Facultad, pero no había lugar para poner un muro. Entonces hicimos una cruz en el piso, que duró una semana porque vino un grupo de la derecha que se llamaba Rucci y destruyó todo. Ahí terminó la obra.

 

Los inicios, la dictadura, el miedo


Con el accionar de la Triple A y más tarde con la dictadura de 1976, los artistas en Argentina pasaron a refugiarse en una especie de cultura subterránea - llegando en algunos casos al exilio -, en sintonía con el proceso que Josefina Ludmer[1] denominó para la vida universitaria como un periodo de “catacumbas”. En algunos casos, la militancia, se convirtió en la expresión artística por excelencia.

 

¿Recuerda cuál fue su primer gesto político desde el arte?

JCR: Mi primer obra política fue un homenaje que hice que se llamó “American way of life”. Se hizo en el año 1966, para una convocatoria homenaje sobre Vietnam. Hice una obra de arte geométrico y una figurativa, una foto que había muy reconocida en la cual se veía a un soldado norteamericano golpeando a un vietnamita. Esa fue mi primera obra claramente política.

 

¿En algún momento tuvo miedo de llevar adelante una obra?

JCR: Miedo, cuando vino la dictadura. El miedo que teníamos todos naturalmente, porque venía esa cosa de no saber qué iba a pasar. Terminé yéndome un año del país. Me convocaron para hacer un trabajo – yo trabajaba como técnico telefónico – para un proyecto en Honduras. Lo resolví así al miedo. Alguien me había dicho que me recomendaban que me fuera del país.

 

¿Qué pasó con los demás artistas comprometidos políticamente en esa época?

JCR: Algunos como (Ricardo) Carpani que estaba en España, se quedaron en aquel país. Otros se fueron a otros países. Si bien no había muchos artistas abiertamente comprometidos políticamente, hay dos artistas desaparecidos, uno de Rosario, otro de Buenos Aires.

 

Corrimiento del autor

En una obra artística como la de Romero donde se mezclan el compromiso social y político, con la búsqueda estética, la obra se presenta casi como anónima, el genio creador deja de ser importante, se convierte en un engranaje que pone en jaque un valor institucionalizado del campo del arte como lo es la propia figura del artista. Estas obras, apropiadas por las fuerzas políticas e históricas de la época, se convirtieron en muchos casos en verdaderos símbolos de militancia.

 

Ud participó en varios colectivos artísticos donde la categoría del artista parecía desdibujarse…

 

JCR: Así es. Participé en varios colectivos: en Escombros, por ejemplo. La primera demostración como grupo fueron demostraciones de grabado en la calle, para socializar y difundir el grabado. Eso fue medio ingenuo. Difundíamos el grabado, para que el grabado siguiera siendo desconocido.  Después estuve en el grupo Grupo CAYC (Centro de Arte y Comunicación), La Mutual Argentina, otro con el cual repartíamos periódicos del 24 de marzo con gente más joven. La gente más joven tenía ideas mucho más divertidas.

 

Hablando del diseño gráfico como discurso artístico y social, ¿Considera que éste puede, en algún caso, ser desprovisto de la política?


JCR: Hay dos tipos de diseño, el que puede ser visto de manera política y diseño que es político. El diseño netamente político es intencional. Una obra independientemente de todo contexto, desprovisto de toda complicación artística, tienen que ver con el momento, con la coyuntura. Pienso en una obra en homenaje a (Carlos) Mujica cuando lo mataron en ese momento y una obra del `73 llamada “Violencia”, relativa a la democracia pre camporista. La más reciente es “Julio López”, que hicimos con el grupo de Artistas Plásticos Solidarios, en el que estábamos León Ferrari, Luis Felipe Noé, Adolfo Nigro, Diana Dowek, Ana Maldonado, Ricardo Longhini y yo. Con ese grupo salimos a la calle el 24 de marzo y el día del aniversario de la desaparición de Julio Lopez con una imagen, que es la que están usando los organismos de derechos humanos.

 

Desafiar los límites del campo

Posterior  a las vanguardias y disueltos ya los espacios del Instituto Di Tella, el movimiento de artistas que integró en su momento Juan Carlos Romero propuso una agenda insurrecta en doble sentido: por un lado, apuntó a transgredir los límites territoriales del arte, provocando un intenso diálogo entre los espacios públicos no tradicionales como la calle, las plazas y las instituciones artísticas. Por otro lado, estrechó los lazos entre la práctica artística y los partidos políticos, en especial PRT-ERP, Montoneros, traduciendo la violencia que signaba la escena política de aquellos años, en gesto artístico.  

 

Los museos, la calle ¿ambos?

JCR: La calle y los museos. Yo expuse en museos acá en Córdoba, la primera vez fue en la Bienal de Grabado universitario.  Después estuve en el Caraffa en una exposición que trajo Benson & Hedges, con una colección de grabados. También expuse en Buenos Aires en el Museo de Arte Moderno y tantos más. 

 

¿Y qué pasa con los Museos?

JCR: Nada (se ríe). Eso está muerto. Generalmente los museos están muertos, no tienen relación con la comunidad. La única relación con la comunidad es cuando hacen grandes muestras muy promocionadas, como cuando fueron a la calle con Dalí. Ahí entonces fue toda la gente. Pero después no pasa más nada. León Ferrari pasó desapercibido en Recoleta hasta que el gran Bergoglio decidió censurarlo y ahí se transformó en algo muy importante. Hace un gran esfuerzo el museo para trabajar con la comunidad, pero las obras que hace son muy pequeñas respecto del tamaño de la misma. Buenos Aires tiene más de diez millones de habitantes y los museos están en Recoleta, lejos de los trabajadores que están en Avellaneda. Yo fui un artista marginal hasta ahora. Recién ahora me están teniendo en cuenta para exhibir una cosa que ya pasó.

 


En la actualidad, ¿cuáles son para ud. los artistas más irreverentes?

JCR: Algunos jóvenes que hacen performances en la calle, porque es un trabajo anti-institución. La experiencia de la gente que está haciendo murales. Los que trabajan en la calle. La calle es un lugar irreverente todavía. El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires hace convocatorias para pintar murales en la ciudad, las empresas como Nike hacen convocatorias para muralistas, pero los murales, hasta ahora, venían siendo una cosa muy independiente.

 

 Si, como ud plantea, el carácter político de una obra tiene que ver con el momento histórico en el cual se produce. ¿Qué fenómenos sociales lo conmueven hoy? ¿Cuáles lo inspiran a generar un hecho artístico?

JCR: Hay tantas cosas en el país, en el mundo. Lo que me convocó en 2010 fueron los 200 años de independencia. Hice una obra que se llamaba crímenes de Estado desde 1810 a la actualidad, “200 años de crímenes de Estado”, año por año, hasta el caso de Mariano Ferreyra en 2010.  Cosas como esa me conmueven. La desocupación básicamente, la marginalidad, la represión y la discriminación, que es todavía muy fuerte en Argentina. Tengo una obra que se llama “Todos somos negros”, que es una reivindicación a la revolución haitiana, la primera de Latinoamérica, antes de 1810. En marzo en el Cabildo Histórico de Córdoba vine por una convocatoria que hizo Gabriela Halac. Pegamos “Todos somos negros” en el frente. La gente iba pasando por ahí e iba discutiendo: “¡Qué bueno! ¡Los negros somos negros!”, mientras otros decían: “Yo no quiero ser negro”. Discutían en la calle. La gente no quería ser negra en general.   

 

El artista plástico Ricardo Carpani - quien tempranamente integró el grupo Espartaco - planteó en su texto sobre “Arte y militancia” la necesidad y el desafío de pensar la práctica artística, ligada necesariamente a las luchas populares, a la transformación social que proponen las organizaciones, los partidos. Quizás, en clave de ese procedimiento histórico político resida el valor de la mirada sumamente actual que podemos arrojar sobre la obra de Juan Carlos Romero.   



[1] Docente, investigadora y crítica literaria.  Entre entre 1976 y 1982 desarrolló la experiencia conocida como la “Universidad de las catacumbas”, en resistencia al avance de la dictadura militar sobre el campo de la cultura.
 
(Publicada en revista 'Deodoro' / Septiembre 2013)

miércoles, 7 de octubre de 2015

Luchas que se imprimen con el cuerpo


La Unión Obrera Gráfica Cordobesa escribió un capítulo en la historia gremial del interior del país. El surgimiento de las cooperativas gráficas dibujó nuevas estrategias de resistencia y organización en defensa del trabajo. Las luchas actuales y los desafíos por venir para un oficio marcado por la innovación y la transformación.
 
 

La organización de trabajadores gráficos de Córdoba tiene sus primeros antecedentes a finales del siglo XIX, cuando participaban de la vida sindical en un grupo conformado por trabajadores de varios rubros, que por lo general provenían del anarquismo. Los primeros registros de esta asociación son de 1896. En 1934 se registró al gremio como Unión Obrera Grafica de Córdoba, aunque actuaba como Federación, porque se reunía con trabajadores organizados de San Francisco, Rio Cuarto y otras ciudades de la provincia.

El proceso que se dio inicialmente en Córdoba coincidió con los movimientos que se producían a nivel nacional. En 1878 nació la Unión Tipográfica Argentina, uno de los primeros sindicatos del país.

En el marco de su historia reciente las luchas del gremio de los gráficos se concentran en la mejora del salario y en la pelea contra la informalidad de sus trabajadores.

Ilda Bustos es la Secretaria General de la Unión Obrera Gráfica Cordobesa. Comenzó su actividad gremial en el década de 1980 como delegada, en coincidencia con su ingreso al rubro. “Entré a la actividad gráfica en el diario Córdoba. Lo primero que hice fue pelearme. Entré a participar de la vida del sindicato como delegada e integrante de la Comisión Directiva”, recuerda hoy en su oficina.

Por aquellos años, asumir tareas gremiales no era fácil porque los delegados no tenían protección legal. Cuenta Ilda que “el escenario era duro porque todavía estaba la dictadura”. “Teníamos una organización en el diario que era bastante buena, junto con algunos otros lugares de trabajo o empresas donde había mucho activismo. Compartíamos espacio con el sindicato de prensa que estaba intervenido y el nuestro estaba prácticamente acéfalo”, recapituló.

La actividad entonces era complicada. Los trabajadores no tenían más herramientas que hacer un paro cuando los despedían o sancionaban. Además había una legislación complicada que establecía que las empresas tenían derecho a despedir con causa cuando los trabajadores con actividad gremial fuesen un “factor real o potencial de perturbación social”.

“En 1982 despidieron a once compañeros sin indemnización. Habíamos hecho una medida de fuerza y yo me salvé porque ese día tenía franco. Lo mismo había ido a garantizar la medida. El diario Córdoba duró hasta 1991, con casi diez años de conflicto”, explicó la actual secretaria general del gremio de los gráficos.

Por aquellos años no solo había cerrado el diario Córdoba, sino también Los Principios y esos trabajadores habían quedado en la calle. La Voz del Interior también había realizado un despido masivo en 1982.

Con la democracia se produjo una explosión para normalizar los sindicatos. Los gráficos lograron hacer las elecciones el 27 de diciembre de 1983, 17 días después de la asunción de Raúl Alfonsín como presidente de la Nación: se convirtieron en un símbolo de aquel resurgimiento.

La década de 1990 fue positiva para los empresarios: no existía la discusión salarial y pudieron equiparse con tecnología nueva y acumular capital de trabajo, pero eso no se tradujo en beneficios para los trabajadores.

 

Otra historia

Ilda Bustos logró ser secretaria general del gremio en 2003. Hasta ese año hubo dos listas. Ella pertenece a la verde. “Es verde porque nos identificamos con la Federación Gráfica Bonaerense, que lo tenía a Raimundo Ongaro y a la Confederación General del Trabajo de los argentinos como referentes”. Bustos recuerda que tenían la propuesta de “normalizar la obra social y recuperar la capacidad de ser firmantes de convenio”. Eso produjo una fisura fuerte con la Federación, lo que les vale una sanción y terminan renunciando a la entidad de segundo grado. “Tuvimos obra social propia y después volvimos a la Federación, por supuesto. También logramos firmar salarios en Córdoba por encima de lo que establece la pauta nacional. El salario de Córdoba sigue siendo el más alto del país”, destaca.

“Llegamos a 2003 luchando mucho por defender las fuentes de trabajo. En ese camino llegamos a las cooperativas para recuperar las empresas”, señala la gremialista. Ese es el caso de la empresa Gráfica Integral, en la que el gremio participó de la toma del taller para que el empresario firmara el traspaso de las máquinas a manos de los trabajadores. También participó de los procesos de recuperación de El Diario de Villa María y del diario Comercio y Justicia de Córdoba.

“Nuestra posición siempre fue que los compañeros se constituyeran en cooperativas y siguieran trabajando. En este momento tenemos diez empresas recuperadas. Todas son por quiebras, excepto Gráfica Integral”, explica Bustos.

¿Por qué se organizan en cooperativas? “No hay otra forma de organización posible”, dice Bustos. “En 2011 se modificó la Ley de Quiebras. Cuando la empresa quiebra los trabajadores constituidos en cooperativa pueden solicitar la continuidad y los jueces deben acompañar. El precedente que se tomó fue el de Comercio y Justicia. Antes los trabajadores quedaban en la calle y el empresario mandaba testaferros para que compren las máquinas en el remate y no le quedaba un peso a nadie”, dice la dirigente.

 

Gráficas recuperadas

El portón de chapa de la calle Sarachaga, en la ciudad de Córdoba, se abre y el sonido seco de las máquinas se mezcla con la radio a todo volumen. En las paredes compiten los afiches futboleros de Belgrano y de Instituto. En las mesas hay revistas y folletos recién armados. Los trabajadores de la Gráfica Integral están doblando, troquelando y encuadernando. El olor de la tinta invade los rincones.

Gabriel Oviedo interrumpe sus tareas para hacer una recorrida por el taller. Muestra las máquinas y cuenta el proceso mediante el cual pudieron sumar tecnología para mejorar el servicio y lograr mayor competitividad en un mercado concentrado. Cuenta que son once los integrantes de la cooperativa y que antes de ser cooperativistas fueron empleados de la reconocida gráfica Pugliese-Siena. Cuando la empresa dejó de ser rentable para sus dueños, los trabajadores decidieron defender sus fuentes laborales, ocupar el taller y seguir produciendo.

“En marzo de 2011 se nos comunicó que la empresa estaba atravesando una crisis y que iba a ser difícil continuar”, recuerda Oviedo, actual presidente de la cooperativa. Los sueldos de la categoría eran importantes y la poca movilidad del sector melló los cimientos de la empresa. “Los costos laborales influyeron mucho porque éramos trabajadores con muchos años de antigüedad”, analiza Oviedo.

Todo cerró el 4 de abril de 2011 en la Secretaría de Trabajo, cuando se les comunicó a los trabajadores de la ex Pugliese-Siena que la empresa se disolvía y que cada socio se iba por su lado. Los contratos laborales caducaban en ese momento y se les hizo un ofrecimiento a los empleados del taller para el cobro de sus créditos laborales con la maquinaria y los bienes muebles. Según recuerdan los trabajadores, eso cubrió el 70 por ciento del monto de las indemnizaciones.

“Éramos diez trabajadores en relación de dependencia más un vendedor que estaba a comisión y en negro. El monto global de las indemnizaciones sumaban 2,5 millones de pesos y el informe de viabilidad que se presentó ante el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) cubrió 1,8 millones de pesos. Aceptamos y se hicieron los pasos legales. Todavía no estaba la modificación a la Ley de Quiebras, que se concretó unos meses después”, explica Oviedo.

“En la toma, el gremio fue el primero que estuvo presente con nosotros. Puso a nuestra disposición todo su cuerpo letrado”, recuerda Oviedo. Además del caso histórico de recuperación del diario Comercio y Justicia, que fue una de las primeras empresas recuperadas, también hubo otras un poco más chicas como El Diario de Villa de María que optaron por conformar una cooperativa. Sin embargo, el caso de la Gráfica Integral marcó un antes y un después en la historia de la recuperación de empresas en gráfica, que fue posible por la voluntad colectiva.

Pugliese Siena era una firma reconocida por su excelencia, que se fundaba en la capacidad de sus trabajadores. “Nunca hubo inversión en maquinaria. Seguimos trabajando con las máquinas de hace 30 años”, dice el presidente de la cooperativa.

Como muchos de sus compañeros, Oviedo comenzó muy joven con el oficio gráfico. “Hoy tengo 44 años y arranqué a los 14. Por una necesidad familiar tuve que empezar a trabajar muy joven. Mis primeros pasos en la gráfica fueron como cadete en Biffignandi, un establecimiento histórico de Córdoba que en ese momento estaba en la calle 25 de mayo”. Su primer día de trabajo Gabriel llegó a Biffignandi con las manos en los bolsillos. “Recuerdo que Humberto Montoya, que fue uno de mis primeros maestros en el arte de la tipografía, me dijo: ‘Mijo, lo primero que vamos a hacer es sacar las manos de los bolsillos’. Y así fue”, relata.

A partir de ese momento Oviedo empezó a aprender el antiguo oficio de la tipografía, de la linotipia. Fue adquiriendo conocimientos en encuadernación e impresiones tipográficas. Después empezó a surgir el offset y años más tarde presentaron la primera computadora Mac, que hoy se usa mucho en diseño. “Estuve en la presentación de la primera máquina que llegó a Córdoba. Es un oficio que llevo desde toda la vida”, señala Oviedo.

Hoy está abocado a la parte administrativa de la cooperativa, una de las tareas que los trabajadores de la ex Pugliese-Siena tuvieron que asumir tras concretarse la recuperación. Oviedo recuerda aquellos días de incertidumbre y destaca el compromiso asumido desde el principio con la autogestión. “A mí me agarró con 40 años de edad. A otros los agarró con más edad o siendo más jóvenes y con posibilidad de emigrar a otra empresa del rubro. La decisión de continuar juntos fue colectiva. Siempre habíamos tenido la tranquilidad de venir, marcar tarjeta, hacer el trabajo, marcar la salida e irnos a casa y cobrar el sueldo los primeros días del mes. Muchas cosas se perdieron en la transición y hubo que madurar otras tantas. Madurar una autogestión es un paso muy importante que todo trabajador tiene que hacerlo desde el comienzo. No solo tenés que trabajar por tu empresa, que es también la del otro, sino que también hay que saber administrar recursos, cuidar los clientes y captar otros nuevos. Hay que conocer los dos lados del mostrados”, explica el presidente de la cooperativa.

Al principio los trabajadores de la Gráfica Integral contaban con las máquinas que recuperaron de la ex Pugliese-Siena. Luego sumaron otras con ayuda del Ministerio de Desarrollo Social y también a través de los programas del Ministerio de Trabajo de la Nación. Integrar la Red Gráfica también fue clave para continuar produciendo.

Al principio la cooperativa contaba con tres impresoras y una guillotina. Hoy lograron sumar una troqueladora, una revistera, una dobladora de folletos, una laminadora para plastificado opaco, una máquina para puntillar y una pegadora Binder.

 

La salida cooperativa

Durante los últimos años, varias empresas que habían empezado a fallar se convirtieron en cooperativas. “A través del gremio estamos tratando de juntarnos y empezar a transitar el camino de la Federación de la Red Gráfica. Queremos fundar en Córdoba una regional de la Red para que las cooperativas gráficas de la provincia tengamos una entidad de segundo grado que nos nuclee y que nos ayude a gestionar recursos conjuntamente”, relató el presidente de Gráfica Integral.

Hoy hay una decena de cooperativas gráficas trabajando en Córdoba y la Red Grafica nuclea a 47 entidades a nivel nacional.  

Según dijo Ilda Bustos, la experiencia de la Gráfica Integral “es única” y el resultado de las diez cooperativas es disímil. “En Gráfica Integral, desde el día que decidieron tomar la empresa y no dejar entrar a los dueños, coincidieron en que tenían que ir hacia la cooperativa. Esa experiencia no se repitió más. En otros lados tenemos que estar horas y horas explicándoles que no hay patrón, que la empresa es de ellos”, explica Bustos.

La idea del patrón es difícil erradicar. Por lo general la defienden los trabajadores más antiguos para quienes la jubilación es un problema. “Intentamos lograr que en caso de quiebras en las que los trabajadores estuvieron en relación de dependencia, se les reconozcan los años en la cooperativa como continuidad para su jubilación. Tenemos jubilados que no quieren irse y eso plantea otro conflicto”, reconoce Bustos.

 

Luchas de ayer y hoy

Hoy la Unión Obrera Gráfica Cordobesa tiene 1300 afiliados en toda la provincia. La escala salarial contempla diez categorías y el salario básico está en 10 mil pesos.

Aparte de sostener la actividad normal que implica las inspecciones y combatir el trabajo en negro –que es muy habitual en la industria gráfica– el gremio sostiene además la obra social y una fundación a partir de la cual promueven actividades culturales y de apoyo a las políticas que luche por los derechos humanos.

“Aparte estamos vinculados a la Confederación General del Trabajo Regional Córdoba, para que siga siendo una referencia y mantener la unidad de los sindicatos de Córdoba. Eso se refleja en un accionar solidario que defiende los derechos de los trabajadores y no los intereses de los dirigentes”, explica la secretaria general de los gráficos.

                                                                      ***
 

El oficio

 

Cuando Ilda Bustos entró al diario Córdoba hacía lo que se denominaba tipeado. Al poco tiempo se introdujo la nueva tecnología, con máquinas parecidas a las computadoras actuales. “Tenían sistemas que diagramaban la página. A los pocos años ya se introdujeron los primeros page maker para armar avisos y textos. Cuando yo ingresé se procesaba ese material que tipeábamos: era una cinta perforada que un procesador leía y se revelaba en un papel fotográfico que era carísimo”, recuerda.

Consultada sobre cómo le iba en el taller siendo mujer, Ilda cuenta que ingresó al diario en un momento en que cambiaba la tecnología. “Se pasó del sistema de impresión en caliente al frío, lo que se llama offset. Este sistema necesitaba tipeadores, una tarea que se parecía mucho a la mecanografía y reemplazaban a los viejos linotipistas, por eso ingresaban mujeres. Las mujeres también ingresaban a la industria gráfica con la encuadernación y a las secciones de pre impresión en general. Ahora hay compañeras que incluso imprimen. Cambió un poco todo eso”, dice Ilda.
 
(Nota publicada en revista Energía + del mes de octubre de 2015)

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los poetas que escriben la música del lugar


El grupo ‘Pan Comido’ nació en las postrimerías de la década de los noventa para decir “Derrota No”. Hicieron radio, montaron recitales, editaron plaquetas y libros. El diálogo con el cuarteto, el rock y el folclore atraviesa el poema que se comparte. Ofrecerán un recital poético en la Feria del Libro de Córdoba 2015. 


 
El sol pega colorado en la línea del horizonte que divide el puente que cruza el Suquía, bajando derechito para el centro de la ciudad. El poeta camina con paso constante, mientras en sus oídos suena Radio Nacional, algún temazo de Jimenez o uno de Sumo, da igual. La única certeza es que en unos minutos, el cuerpo se dispondrá al trabajo y los versos que se hilvanen durante esos instantes de libertad deberán plasmarse lo más urgente que se pueda contra el papel, para ganarle así una batalla a otro día.

 

Del otro lado, en un barrio del oeste, el ruido de las máquinas se atrincheran en la mañana y el mate amargo empieza a correr entre las manos que pronto estarán armando libros o serigrafiando remeras. La chapa del techo cruje cuando calienta el sol y brama cuando llueve con fuerza. En el fondo, allá en la cocina, suena la radio como si estuviera dispuesta a disputarle el aire al ruido seco de la guillotina o al motor de la imprenta.  

 

Un poco más allá, una docena de hermanos sale a levantar una casa desde los cimientos. Entre revoques y encadenados, a uno de ellos las palabras se le aparecen ásperas y agrietadas como golpes de martillo y raspado de cucharas. Nada de suave, ni bondadoso, ni complaciente hay en esos versos, porque tienen la fuerza del golpe de un puño contra la pared. 

 

Con mi sangre escribiré un poema

 

Así los poetas se disponen a los días y el poema se propone urgente en el sonido de la panza que vibra cuando llega el mediodía, en medio de todo lo que pasa. La música es carne de lo que se escribe.

 

Canta Pablo Carrizo desde la plaqueta ´Pesos´ (2012): (...) esa ventilación que llaman música / tu latido / nuestra marcha / los gritos de nuestra marcha (...). También dibuja en su poema ‘Jimenez’:

 

Se descaderan cuando canta esos temas viejos

desde el cogote empiezan a bailar

mirá

los traba se enamoran

mirá la banda de guiñazú mirá los viejos

mirá la camisa que clavó ontivero

se descaderan

que querés

también

si esos temazos de Jiménez dan sed

mirá

la noche está a punto caramelo

mortal

se descaderan

rompiendo las rodillas

la vertical

de chiquitos

con aiwa

lo escucharon

con vapor de vereda

rayando el tiempo

y se descaderan.

 

 

Y manifiesta en ‘La noticia es el diluvio’ (2014), Alexis Comamala:

 

Si es posible revertir el canto que es

violencia de la lengua

cuánto se demora la lucha del sol

que es necesaria entonces

cómo evitar que ciertos gorriones

desesperados

beban las últimas gotas

dejen

algunas cenizas para los peces

sin agua

se ahoguen

en la poesía  

 

Belleza obliga, derrota no

 

Pan Comido empezó a remontar el vuelo colectivo de la poesía en el año 1998. Lo integran Juan Stahli, Fabricio Devalis, Ceferino Lisboa, Andrés Rubino, Fernando Bellino, Sebastian Cantoni, Alexis Comamala y Pablo Carrizo.

 

Allá por los inicios de este siglo, el Grupo de Poesía Pan Comido hacía sus primeros recitales poéticos en un intento por generar una experiencia distinta a la tradicional lectura silenciosa y engolada. Los primeros sonidos, habían surgido en la radio. El programa semanal se llamaba “Derrota no” y se emitía por la Radio Revés 88.7. Bajo el mismo nombre, el Grupo editó su primer plaqueta colectiva y motorizó a un ciclo de producción y escritura que parió otras colecciones y formatos.

 

En 2005, Pan Comido irrumpió otra vez en la escena de la poesía con la compilación “Belleza obliga”, que también se tradujo en una puesta poético-musical en la Casona Municipal. Las imágenes proyectadas en el fondo, la música de Nicolás Disandro en la consola y los poetas sucediéndose como en un videoclip, lograron que el público se apropiara de un registro a veces presentado como ajeno a la percepción del sujeto común: lo volvieron comestible como el pan.

 

Junto a la Gráfica 29 de mayo co-edita desde el año 2009 los libros de la Colección ’Música del Lugar’, que busca “tonadas en la experiencia de la poesía presente”. Así, la musicalidad fue dibujándose como objetivo y mapa de posibilidades para el poema colectivo que se comparte, como el pan.  

 

“Con mi sangre escribiré un poema” fue el tercer formato de recital poético al que apostaron estos laburantes del verso en 2013. La frase corresponde a un tema de Carlos ‘La Mona’ Jiménez -como si hiciese falta aclararlo- y sonó como un puñetazo en el oído desprevenido de aquellos que esperaban encontrar una escena poblada de adornos y remilgos. Se encontraron en cambio con una poesía que nace en el barrio, donde Jimenez es el poeta más respetado. Sus palabras se invocan con el cuerpo, con las caderas y los pies en la historia de todo lo que sucede.     

 

Pero no es posible hablar de Pan Comido, sin que resuene allá en el fondo la memoria de ‘El pan duro’, un grupo de poetas que marcó la década del 60. Integrado por poetas que proponían una poesía militante y popular, este grupo ya ponía en práctica la edición cooperativa de sus trabajos. Su primer publicación, como un anuncio de lo que vendría, fue “El violín y otras cuestiones”, de Juan Gelman en 1956.

 

Así fue que transformando este legado, a  partir de la nada que había instalado la década del ‘90, los Pan Comido se definieron desde la militancia, entendiendo que no es posible dividir el hambre de poesía y la política. Con estas ideas que persisten en la cabeza y en el cuerpo, antes de fin de año planean lanzar una nueva colección: “El juego en que andamos”, en clara referencia y homenaje a Gelman y a la lucha de su generación. 

 

Mi tropa está en la huella

 

Siguiendo el rastro que ha dejado un poeta de la música popular, el ‘Chango’ Rodríguez, en 2014 los Pan Comido se le animaron a “Mi tropa está en la huella”, donde la música es en vivo. “Desde el vamos fue sencillo pensar que algún un día saltaríamos a la huella todos juntos”, explican los poetas, que en esta ocasión reunieron sus voces con la música de El Mano, Lucas Heredia, Gastón Testa y Roque Flores.  

 

En la letra, en el sonido del verso que conversa con la música, se los escucha caminar constante a los poetas. El poema viene con el sonido de los días que se empujan. Su música es la argamasa de un pan que se cocina lento, entre cuerpos transpirados que se encuentran en el cordón de una vereda, en un patio amplio donde se habla y se baila, en una noche de cielo regado con asado, guitarras, ferné y vino tinto.

 

Nada hay más allá de estos pequeños submundos que suenan, donde la creación se abraza como un fuego, una noticia que permanecerá en secreto hasta que la necesidad llame a la música, hasta que la sangre se escriba como un poema.
 
(Nota publicada en la revista 'Deodoro' del mes de septiembre de 2015)

jueves, 2 de julio de 2015

Actores en tiempos de organización




Ser actor es una elección que implica definiciones políticas y económicas. La lucha por una jubilación y por las leyes que faltan son los motores para la organización. Un recorrido por la historia y los desafíos de la Asociación Argentina de Actores y por su rol en la defensa de los derechos de los trabajadores de las artes escénicas en el centro del país.



 Elegir ser actor en Córdoba implica reconocer que hay actores que la pegan y hay actores que la pelean sin ver un mango. En el medio existen un sinnúmero de grises que tienen que ver con las propias definiciones en relación al arte y con las posibilidades materiales de sostenerse en medio de una jungla donde aparecer dos minutos en televisión es más valorado económicamente que hacer una obra épica en una sala de teatro independiente. En el medio está la política y en el centro de la política están la militancia y las facturas que vencen a fin de mes.

Trabajar como actor es también encontrarse sin un peso a la edad en la que la mayoría de los trabajadores se encuentran con una jubilación. Elegir la actuación es una apuesta por el arte que conduce a la organización colectiva como estrategia de supervivencia y de creación.

Desde hace varias décadas existe en Córdoba un gremio que nuclea a los actores y actrices de la provincia. Se trata de la Asociación Argentina de Actores, un sindicato nacional que se conformó como delegación a nivel local enarbolando los derechos de los trabajadores del teatro, del cine y de la televisión como banderas desde donde construir una identidad común.

Los pasos previos

Juan José “Toto” López está en Casa Grote, “un lugar para creer”, que se erige en pleno corazón de barrio General Bustos de la ciudad de Córdoba y que pronto cumplirá 15 años de vida. En la cocina están armando las empanadas que esta noche alimentarán a quienes participarán de la velada teatral. En la galería, Toto deshilvana recuerdos con la mirada encendida, mientras saluda a los actores que se preparan para la función que comenzará en un par de horas.

¿Cómo fueron los inicios de la organización gremial de los actores en Córdoba? Ante la pregunta, una imagen tan viva se desprende del relato de Toto, que la acción parece estar sucediendo en este instante: un grupo de actores corren perseguidos por la Triple A y uno de ellos tira al río unos papeles. Cuenta Toto: “En 1975 vino a Córdoba el ‘Beto’ Brandoni, que era secretario gremial en esa época. Nuestra sede ya funcionaba en el Teatro del Boulevard. Tras la figura de Miguel Iriarte nos parapetamos nosotros. Estábamos en un acto y cayó la Triple A. Salimos disparando. Ivo Oyola tenía un cajoncito con todas las afiliaciones. Como el Teatro del Boulevard tenía una ventana que daba al río, el Ivo saltó por la ventana y corrió en calzoncillo y suecos. Iba tirando las tarjetas al río para que no las agarraran”.  Toto recuerda y se ríe con los ojos mojados.

El gremio había nacido al calor de la lucha obrera y estudiantil del Cordobazo y tomó forma con el peronismo de 1973. En esa época nacían grupos de teatro que no se sentían contenidos con la dramaturgia heredada de las generaciones anteriores y consideraban urgente expresar lo que pasaba a su alrededor. Esa lucha expresada en las barriadas, en las villas, en el campo, en las fábricas, en la universidad, en los colegios secundarios, generó  organizaciones nuevas y creó grupos de teatro que apostaron a la creación colectiva como fórmula de expresión y producción.

“La creación colectiva es un fenómeno de la ebullición de aquel momento, trasladado al teatro. Allí, –al calor del grupo Libre Teatro Libre, del grupo La Chispa, del Teatro de Grupo (de César Carducci), del Teatro Estudio Uno de Villa El Libertador– trabajamos con esa metodología, estábamos investigando, balbuceando lo que hoy se llama dramaturgia de actor”, recuerda Toto.

El método era más o menos así: alguien escribía y los otros improvisaban sobre, por ejemplo, un conflicto gremial. “Entonces íbamos a la puerta de la fábrica a actuar el conflicto, porque había un capataz que era pro patronal, y hacíamos una referencia a eso con los trabajadores en los sindicatos, en el movimiento estudiantil, en las tomas de fábricas, en los barrios, en las parroquias”, relata el integrante del Grupo Los de la Vuelta, que en sus largos años de carrera también hizo ficción en televisión y hasta una publicidad para una marca de galletitas.


“Ahí decidimos fundar el gremio”, resume Toto. Era 1973 y el primer gremio que fundan nace con el nombre de SITRATEA, en clara alusión al SITRAC-SITRAM, el sindicato de los trabajadores de MaterFer y de ConCord. “Fijate vos la tremenda identificación que teníamos con el movimiento obrero, que nuestro sindicato se llamó así. Fuimos a las elecciones con el sector peronista y ganamos por un voto: 151 a 150. Fue una elección histórica. Fuimos a pedir el reconocimiento de Buenos Aires en un Citroën, todos emponchados. ‘Uh, ahí llegan los montoneros’, decían allá. Haciendo referencia no al movimiento peronista, sino a las montoneras de los federales del interior. Íbamos a patear el tablero. Peleábamos por el gremio”.

El sindicato de los actores siguió funcionando hasta finales del 75. “Todos habíamos sido amenazados por la Triple A versión Córdoba: el Comando Libertadores de América. Si hacía una función el Libre Teatro Libre, nosotros les hacíamos una guardia de seguridad. Y ellos a nosotros. Tenemos varios chicos desaparecidos del Teatro Estudio 1. Un compañero del grupo La Chispa fusilado. El lunes 1° de junio de 2015, Luciano Benjamín Menéndez fue condenado por el fusilamiento del actor Jorge Diez y otros dos militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Por eso esta sala se llama Jorge Diez, en homenaje a ese gran compañero”, cuenta Toto.    

Con la dictadura, los grupos se dispersaron y la mayoría de sus integrantes se exiliaron. Graciela Mengarelli y María Escudero, secretaria general y secretaria gremial respectivamente se fueron, la primera a Brasil y la segunda a Ecuador, donde fundó el grupo de teatro Saltamontes.

Toto López fue secuestrado el 20 de abril de 1978 por una patota de unas 10 personas vestidas de civil en la verdulería que tenía en el barrio Iponá de la ciudad de Córdoba. Fue encapuchado y trasladado a lo que después supo que era el centro clandestino de detención La Perla. Después de salir en libertad y de un encuentro con Brandoni y Federico Luppi, empezaron a reactivar la Asociación Argentina de Actores.
 

Pedían generar una industria teatral, que existieran cooperativas de trabajo, que empezara a normalizarse y a regularse la actividad. “Queríamos ser profesionales y vivir de nuestro trabajo, independientemente de los compañeros de los elencos estables de la Comedia Cordobesa o de la Comedia Infanto Juvenil, que estaban encuadrados como empleados públicos de la provincia”, explica Toto.

Después de la reunión con Brandoni intentaron recuperar el espacio gremial: “Todavía estaban los milicos, estaba prohibida la actividad sindical, las reuniones. Fuimos audaces. Yo estaba con libertad vigilada así que no podía salir de la ciudad de Córdoba. Invitamos a Cheté Cavagliatto, a José Luis Arce, a Omar Res, Adelina Constantini, a Silvina Reinaudi, a Luis Lucero y a Horacio Gramajo. Ese era el grupo originario. Después ampliamos y armamos una lista”, dice Toto. Y agrega: “Sabíamos que en las asambleas había servicios de inteligencia de los milicos y de la Policía. En esa época estaba todo regido por el Tercer Cuerpo del Ejército. Pienso en el coraje que tuvimos. Y un poco de inconciencia. Pero necesitábamos pelear por la legalidad”. Y el gremio se hizo fuerte.


Luchas históricas y recientes

La jubilación de los actores siempre estuvo en la agenda gremial y continúa siendo una materia pendiente, aunque  en los últimos años se alcanzaron algunas conquistas. A nivel municipal se creó el Fondo Estímulo a la Actividad Teatral Cordobesa (FEATEC) y del ‘Teatres’ entre finales de los noventa y comienzos del nuevo siglo, lo que abrió una pequeña grieta desde donde gotean recursos para los grupos de teatro independiente en Córdoba. A esto se sumaron las líneas de fomento aplicadas desde la Dirección de Cultura de la Provincia, hoy llamada Agencia Córdoba Cultura.

El Instituto Nacional del Teatro (INT), conseguido también en los noventa a fuerza de militancia, fue un logro inmenso para los hacedores del teatro, en términos de la institucionalidad de la actividad y de posibilidades de financiamiento para las salas independientes. El INT también organiza concursos y otorga premios para los actores que se destacan, al tiempo que aplica becas y subsidios para fomentar la actividad.    

La denominada Ley del Intérprete fue otra gran batalla ganada por los trabajadores. En 2008 y luego de 73 años de lucha, finalmente los actores y también los bailarines argentinos lograron que la normativa fuese reglamentada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Con esta Ley, los actores y bailarines pasaron a percibir un pago por la emisión y repetición de cada programa o película en la que hayan participado y que se emita por televisión, en empresas de transporte (aéreo y terrestre) y en hoteles.

Esto se consiguió a partir de la reglamentación del artículo 56 de la Ley 11.723 de propiedad intelectual que implicó reconocer los derechos de imagen de los actores. Hasta ese momento los actores no percibían ningún pago por la repetición de programas o películas en los que trabajaron, mientras que las empresas que los contrataban sí recibían dinero por la reposición de las obras.

Sin embargo, la Ley del Actor, que es la que garantizaría una jubilación para los trabajadores de las artes escénicas, aún no fue avalada por el Congreso. Es el principal asunto pendiente y una de las banderas que defiende y promueve la Asociación Argentina de Actores.  

María Malcoff, delegada gremial de la Asociación Argentina de Actores en Córdoba, reconoce esta deuda aunque también rescata la aplicación de políticas públicas de fomento a la producción audiovisual: “Desde hace cuatro años se abrieron en el interior del país los concursos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Eso dio una pantalla a actores que no la tenían. Muchos de ellos migraron a Buenos Aires, que es donde está la industria. Acá se han hecho diez mini series en estos últimos años, que han sido premiadas”, analiza la actriz.

Con respecto al desarrollo del teatro en Córdoba, Malcoff reconoce que “al no tener pantalla para los actores locales, el público no va a ver las obras de teatro. Entonces dejan un vacío de trabajo. Todo lo que van a ver al teatro es lo que ven por televisión. Si tuviéramos una pantalla más caliente en Córdoba, con horarios centrales, programas nuestros, novelas nuestras, el público vería a sus actores en la pantalla y luego en el teatro”.

Martín Cabrera es actor, murguista e integra la nueva Comisión Directiva del gremio como delegado de comunicación y acción social. Recuerda: “Cuando se hizo la serie La Purga, Pablo Tolosa estaba haciendo una obra teatral y la gente que lo veía en Canal 10 lo iba a ver al teatro”.

Otro asunto es que en Córdoba no existe una mesa paritaria local. Esto implica que la pauta salarial se define a nivel nacional en Buenos Aires, donde funciona la casa matriz de la Asociación Argentina de Actores.  Tampoco se aplica el derecho a la repetición de la imagen en el interior provincial, lo cual representa una bandera de lucha a nivel local en relación al Convenio Colectivo de Trabajo que rige la actividad. La Ley provincial de Teatro es otro de los asuntos pendientes: nunca fue aprobada.

“Acá estamos muy lejos de lo que cobraría un actor en Buenos Aires. Los únicos actores que tienen vacaciones, aguinaldo y están en blanco son los compañeros que pertenecen a la planta de la Provincia. Pero los que son contratados por una o por dos veces, no cobran en las mismas condiciones. Nosotros no tenemos relación de dependencia”, explica Malcoff.

Hoy un actor que trabaja en una mini serie puede cobrar unos 75 mil pesos por tres meses de trabajo intenso. Si bien la suma resulta considerable, el problema del actor es la irregularidad de sus ingresos. La única alternativa de estabilidad es la de integrar un elenco municipal o provincial. Sin embargo, los actores dicen que la Provincia hace años que no realiza concursos y los cargos suelen ser vitalicios.

Frente a este escenario, Martín Cabrera y María Malcoff, que pertenecen a generaciones distintas, reconocen al gremio como un espacio de construcción colectiva necesaria para sobrevivir y pelear por los derechos laborales de los actores. “Hace treinta años que soy afiliada. Siempre estuvo el tema de la jubilación, de los productores que no quieren pagar, de las paritarias. No había trabajo y estaban las listas negras. ¿Cómo subsistían los actores en ese momento? Por las rifas de la Asociación Argentina de Actores”, recuerda la actriz. Para Malcoff, el gremio es “un espacio de identidad”. Cabrera, por su parte, dice que la intención es “recuperar el gremio como espacio de pertenencia y retomar el diálogo entre compañeros”.

Mientras tanto, en la sede de la Asociación pasan actores y actrices a presentar o solicitar facturas por trabajos que hicieron. Una de las funciones esenciales de la entidad es hacer viable la facturación de sus asociados. En el marco de un sistema solidario, el tres por ciento del monto facturado queda para sustentar la obra social y tres por ciento para las actividades del gremio.

 

Una gota de lluvia

Jorge Villegas es director de teatro y un obstinado que banca sus definiciones con el cuerpo. Eligió el teatro como un acto de transgresión cuando estaba en el secundario. Hoy dirige el grupo Zeppelin Teatro que está cumpliendo veinte años y hace poco dirigió la obra Tosco, de Alejandro Finzi. Con una larga trayectoria, Villegas se ha convertido en un hacedor cultural que elige el lugar incómodo de interrogar políticamente al teatro.

Villegas se considera un laburante, está afiliado al gremio y dice que para hacer teatro también hay que hacer otras cosas: “A la gente que se dedica a la actividad artística le cuesta mucho vivir de lo que hace a no ser que trabajes en la Comedia Cordobesa, donde ganan 12 mil pesos. El independiente tiene que dar clases y juntar muchas actividades para ganar la plata que te permita vivir, viajar y comprar libros”. Villegas explica que en teatro ser independiente es una definición política sobre el arte: “El término independiente se encolumna con el teatro de Leónidas Barletta, de Roberto Arlt, con las décadas del 20 y del 30, con el teatro del pueblo”.

La independencia también se plantea en relación al Estado y a las productoras privadas, que son las patronales por excelencia. Para garantizarse condiciones laborales dignas –intentando sostener la libertad creativa– los actores y directores cuentan con una larga historia de organización que devino en la sanción de leyes fundamentales para la actividad y que se expresó en el espacio gremial, pero también en una serie de estrategias de supervivencia.   


Hay quienes trabajan en la televisión, hay quienes integran una cooperativa teatral, hay quienes cuentan con sala propia y hay otros que se las rebuscan para mostrar su trabajo donde surja la oportunidad. Hay actores que militan, otros que se resguardan en la figura del artista y hay quienes conjugan ambas cosas.

“¿Por qué somos trabajadores?”, se pregunta Toto López. “Porque cuando te contratan hay una relación de dependencia. Así vos hagas una aparición de un minuto, ese minuto significa que soy un trabajador de teatro. Hay algunos compañeros que dicen: ‘Ah, no, yo soy artista’. Nosotros somos trabajadores con un capital acumulado, horas de culo sentado estudiando, horas de cuerpo agitándose para que esté dúctil, lo que significa el estado creativo”, reflexiona el actor.

Villegas prepara el mate antes de salir para la escuela secundaria donde enseña teatro. Cuando sus alumnos le preguntan por qué hace esto si tiene que viajar a dar clases en colectivo, él responde: “Si solo tengo que ser una gota de lluvia en el desierto, seré la gota de lluvia”.
(Nota publicada en revista Energía + del mes de julio de 2015)

jueves, 7 de mayo de 2015

Chicas que son descartadas antes de cumplir los 21 años

El ataque que perpetró un joven de 22 años a su ex novia de 16 en el Parque Sarmiento reabrió el tema de la violencia de género en las relaciones adolescentes. El año pasado, 36 jóvenes de entre 15 y 21 años fueron asesinadas en Argentina, en circunstancias atravesadas por la violencia machista.
 
Todo comienza con el anuncio de desaparición que se viraliza en los medios y las redes sociales. Las chicas aparecen expuestas y sus vidas son hurgadas por los medios ávidos de generar titulares. Con el correr de las horas, las esperanzas de encontrarlas con vida se esfuma. Paralelamente, crecen las versiones sobre el motivo por el cual no regresó al hogar. Se publican fotos que subió a facebook y se reconstruyen sus cortos años de vida. El mecanismo de culpabilizar a la joven y responsabilizarla por su fatal destino, crece. Los medios entrevistan a familiares, vecinos, amigos, buscando pistas. La chica aparece, muerta.
 
Ese es el derrotero habitual de los casos de femicidio que se han registrado en nuestro país en los últimos años. De acuerdo al último informe elaborado por el Observatorio de Femicidios en Argentina que lleva adelante La Casa del Encuentro, entre 2008 y 2014 fueron asesinadas 1808 mujeres por violencia de género en Argentina. En 2014, se cometieron 277 femicidios en el país y Córdoba ocupa el segundo lugar, con 21 mujeres que perdieron la vida, en la mayoría de los casos en manos de parejas o ex parejas.
 
Los femicidios responden a distintos patrones, pero resulta alarmante considerar el hecho de que 36 mujeres asesinadas el año pasado, tenían entre 15 y 21 años. Uno de los casos más resonantes fue el de Melina Romero en agosto de 2014. Melina tenía 17 años. La encontraron embolsada en plástico negro y sumergida en agua podrida en el conurbano bonaerense. Así también, tirada, hallaron sin vida a Daiana García, la joven de 19 años asesinada por asfixia. Fue arrojada a la vera de una ruta, en el partido de Lomas de Zamora, dentro de una bolsa arpillera.
 
La violencia empieza con pequeños gestos de control. Sigue con insultos, descalificaciones, empujones, marcas en el cuerpo. Después, lo que parecía amor, se convierte en una pesadilla. En otros casos, una relación que terminó, un vínculo al cual la joven decide no acceder, y un lugar que el femicida no está dispuesto a aceptar.  En el fondo, está la idea de que la mujer es un objeto del cual alguien puede apropiarse y cuando deja de servir y de responder a las demandas, puede ser literalmente arrojada a la basura.
Natalia Rocha apareció sin vida el 19 de enero de 2014. Tenía 16 años. La mataron a golpes y la violaron. Encontraron su cuerpo en los márgenes de un río. Pocos meses después, en mayo, se conoció el femicidio de Paola Alejandra Rodríguez, en la Provincia de Salta. Tenía 16 años y la asesinaron estrangulándola. Su cuerpo, apareció envuelto en plástico, al costado de una autopista. La lista sigue y es demasiado dolorosa. En la mayoría de los casos, no hay detenidos.
 
Noviazgos violentos
 
Los casos de femicidios adolescentes conforman una problemática social, cultural y de derechos humanos que requiere como primera medida, la concientización. Así lo manifiestan organizaciones que cuentan con una larga trayectoria en la defensa de los derechos de las mujeres y en la visibilización y el abordaje integral de los casos de violencia de género en nuestro país.
 
En la temática de la violencia en los noviazgos “es importante hacer un trabajo de concientización con las adolescentes y jóvenes, para desnaturalizar aquello que consideran normal”, según planteó Ada Beatriz Rico, una de las fundadoras de La Casa del Encuentro, en ocasión de dar a conocer las cifras de femicidios de chicas jóvenes.
 
“No es normal que el novio tenga celos, no es normal que no puedan salir solas, no es normal que les controlen los movimientos, no es normal que les revisen sus celulares, no es normal que las insulten o les peguen. El objetivo es que no terminen atrapadas en relaciones violentas y posesivas, que en su forma extrema pueden llegar al homicidio”, explicó.
 
Parque Sarmiento: Detuvieron al joven que atacó a su ex novia
 
El joven de 22 años, acusado de empujar a su ex novia de 16 a un barranco del Parque Sarmiento fue detenido ayer. El martes pasado, Oscar Ferreyra le dio un empujón a su ex novia, que cayó cuesta abajo y sufrió varios traumatismos.
 
Ferreyra quedó imputado como presunto autor de coacción calificada, privación ilegítima de la libertad y tentativa de homicidio calificada en concurso real.
La pareja se había terminado. Esa tarde se reunían, después de un largo tiempo sin verse. Él insistió en retomar la relación, ella dijo que no.
Ferreyra ya había demostrado un accionar violento contra su ex novia, por lo que ella contaba con el botón antipánico. Lo accionó al caer al barranco. Recién entonces la Policía pudo acudir en su ayuda.

jueves, 9 de abril de 2015

Crónica de una crónica (parte I)

Me encuentro con la hoja en blanco y una carpeta con archivos de audio que guardo como un regalo muy preciado, al que no me atrevo a quitarle el envoltorio. Son meses y meses de largas conversaciones, de tardes enteras, de noches sin sueño.

Las voces de estas mujeres resuenan en los patios, en los livings de las casas donde me recibieron como se recibe a una hermana, a una amiga de años. Las bocas, los ojos, las manos de estas mujeres se revelan y hablo quizás también yo, a través de ellas.

Busco las palabras justas, para no errarle. Me resguardo en el espacio de un tiempo que no me atrevo a desandar, aunque se que ya es hora. El corazón se me sale del pecho. Pienso que la tercera persona, va a ser un gran desafío.

Pongo play y tipeo...