Entre el 11 y el 14 de marzo se realiza el IV Festival
Internacional de Poesía de Córdoba. A cuatro años de la primera edición, el
encuentro reafirma su espíritu independiente
y se atreve a seguir cruzando fronteras. La entrada a esta casa es libre
y gratuita.
El patio se muestra cálido, lleno de murmullos, con sus
baldosas rojas relucientes aguardando la caída de la tarde, el inicio de la
lectura. En la mesa, ubicada en uno de los extremos del cuadrilátero colonial,
tres sillas o cuatro aguardan la presencia de los poetas invitados a recitar.
Los amigos, el público, se acomodan en las hileras blancas que exhiben todavía
algunos lugares vacíos. Con el correr de los minutos, el espacio se llena, el
murmullo crece, el aire plagado de presencias y se convierte en la antesala de
un torbellino de música y palabras.
En el Festival los poetas se encuentran, comparten sus
quehaceres, intercambian plaquetas, libros y anécdotas. Algunos se ilusionan
quizás con la posibilidad de permanecer en esa especie de universo propio, en
el cual la poesía y el sonido se combinan en un acto de simpleza creativa que
resplandece y se proyecta más allá de esos días que durará la fiesta.
Cuatro años atrás, el arquetipo de este espacio nacía como
una utopía. El Festival Internacional de Poesía de Córdoba, tuvo su origen en
un encuentro, en el patio amplio de una casa, en las Sierras Chicas. Así, asado
de por medio, comenzaron a elaborarse las primeras líneas de un proyecto
ambicioso y sencillo a la vez: generar una reunión, un cruce, de poetas
locales, del país y del mundo, en Córdoba. El mapa se presentó infinito y las
ganas originales se transformaron en esfuerzo y organización.
Como en sus inicios, hoy el Festival sostiene contra viento
y marea su carácter independiente, a fuerza de trabajo colectivo. “El espíritu
sigue siendo el mismo. Hacer un festival independiente y gratuito es un desafío
cada año, una quijotada que tiene su contracara, que la justifica y la
refuerza: la libertad. La programación es nuestra propuesta de lectura de la
poesía contemporánea, que recorre distintos géneros y subgéneros, geografías y
lenguas, generaciones y estéticas”, relata Gastón Sironi, uno de los
organizadores del Festival.
Gastón es editor, al igual que Carlos Ferreyra y Alejo
Carbonell, los otros dos impulsores del Festival Internacional de Poesía de
Córdoba. Cada uno por separado y los tres en equipo, se han convertido en
verdaderos militantes de la edición independiente en Córdoba. Sus sellos editoriales Viento de Fondo,
Recovecos y Caballo negro, cuentan con una larga trayectoria de trabajo y
apuesta por la literatura proveniente de ésta y de otras latitudes.
“A cuatro años de la primera edición, lo que vemos es un
festival que se contagia, el público y los distintos actores de la cultura se acercan,
las instituciones empiezan lo empiezan a poner en su agenda. Eso nos permite
programar con mayor tranquilidad y sin abandonar nuestro espíritu: construir un
espacio de expresión inclusivo y gratuito”, dice Carlos Ferreyra.
Recorridos propios y ajenos
Desde sus inicios, el Festival se propuso recuperar
distintas vertientes y estéticas para configurar una especie de recorrido
múltiple, ofreciendo una mirada amplia sobre el campo de la poesía desde una
perspectiva regional.
Así fue posible que leyeran en un mismo espacio Hugo Gola,
Marina Colasanti, Roberta Iannamico o Martín Gambarotta, solo por mencionar
azarosamente a algunos de los invitados de la primera edición del festival,
allá por 2012.
Al año siguiente, una tardecita de marzo de 2013, se produjo
una alquimia íntima entre María Teresa Andruetto y la uruguaya Circe Maia en un
patio respetuoso, cálido y atento a las palabras de estas dos amigas, que se
hermanaban a medida que transcurría la lectura. Ese año también se presentó el
brasileño Arnaldo Antunes, quien viajó a Córdoba trayendo los poemas de su
libro “Las cosas” y deleitó al público con una performance poética en clave de
juego con la musicalidad de los cuerpos y de las palabras. A estas voces se
sumaron Liliana Ancalao, Miriam Reyes y tantas otras poetas presentes en el
encuentro.
En 2014, el vuelo del festival se desplegó en las lecturas
de Rodolfo Godino, Leopoldo Teuco Castilla, Osvaldo Guevara, Laura Wittner,
Affonso Romano y tantos más. Además, Marcos López presentó su propio viaje
documental sobre la vida y obra de Ramón Ayala, quien hizo sonar su guitarra en
un patio repleto de cuerpos embelesados de música y verdor litoraleño. El
rockeo poético de cierre estuvo a cargo de Palo Pandolfo, para despedir una
tercera edición contundente.
Entre tanto, la fiesta poética incluyó lecturas en plena
calle y trasnoches inundadas de sonidos que colmaron las ansias de poesía y
música. Una copa de vino viaja por allá, una plaqueta por acá, un poema por
aquí, una guitarra más allá y las horas transcurrieron así como pasajes a un
sitio con promesas de plenilunio y de nuevos encuentros.
La cuarta edición de este festival de poesía, internacional
pero hecho en Córdoba, traerá nuevos regalos. En la noche de apertura, Gabo
Ferro dejará poesía y canciones. Vendrá el uruguayo Leo Maslíah a recitar sus
verdades sonoras con su piano. Además, Hugo Padeletti, uno de los poetas
argentinos con más letra para compartir con las nuevas generaciones, honrará
con su presencia la grilla de esta edición 2014. Habrá varias lenguas en este
Festival: estarán presentes el poeta qom Juan Chico y el poeta wichí Lecko
Zamora, quienes integrarán el libro de este año del Festival, junto a Liliana
Ancalao (poesía mapuche) y Mario Castells (quien emplea el guaraní en su obra).
A esta altura, con la cuarta edición en marcha, los
organizadores no abandonan las preguntas. ¿Qué es la poesía? Alejo Carbonell asegura que “En general, se
la trata como al hermano más chico, anda ahí dando vueltas, medio que se cría
sola... Y sin embargo en el país hay un montón de encuentros y festivales, y
también editoriales que publican sólo poesía. Esa falsa idea de género menor
finalmente vigoriza toda la actividad que la rodea”, asegura.
Carbonell trae una imagen recurrente, como una postal que revela
el espíritu de ese espacio que soñaron y que hoy ven andando. Cuenta que en el
festival “a veces termina la jornada y el público naturalmente ayuda a juntar las
sillas, a correr equipos. ¿De dónde sale eso? –se pregunta– Pienso que del instinto de supervivencia de
la poesía”.
(Nota publicada en revista 'Deodoro' del mes de marzo de 2015)
(Nota publicada en revista 'Deodoro' del mes de marzo de 2015)
