viernes, 4 de diciembre de 2015

Maradona no es el mejor del mundo


Dicen que cuando Diego Armando Maradona llegó a Newells Old Boy´s de Rosario, allá por el año 1993, ya había existido un jugador mejor que él, mejor que todos. Se llamaba Tomás Felipe Carlovich, popularmente conocido como “Trinche”.

Dicen también que este tal “Trinche” la descocía jugando de cinco en el Club Atlético Central Córdoba de Rosario y que también lo hizo en las inferiores de Rosario Central, en Independiente de Rivadavia, y fugazmente en Colón de Santa Fe.

Dicen los que lo vieron jugar durante la década del ’70  que Carlovich hizo cosas descomunales, jamás vistas con la pelota. Directores técnicos, ex jugadores, entre los que se cuenta al mismísimo José Pekerman, además de Marcelo Bielsa, César Luis Menotti, Carlos Griguol, y muchos otros, aseguran que se trataba de un jugador único. El propio Maradona dijo en diálogo con la prensa que el mejor jugador de Rosario había sido “un tal Carlovich”.

Dicen también que el mediocampista le hizo pasar un momento incómodo a la selección nacional del ’74 cuando jugó con la camiseta del equipo rosarino que le terminó ganando 3 a 1 al combinado argentino. Cuentan que tuvieron que sacarlo de la cancha para evitarle una vergüenza mayor a Vladislao Cap, por aquel entonces técnico del plantel albiceleste.

Pese a todo lo que se dice de él, no hay registros de su actuación en el campo de juego. Hace muy poquito tiempo apareció una filmación de apenas diez segundos donde se lo ve a Carlovich haciendo una gambeta preciosa, con la zurda y la pelota prácticamente unida al botín. Eso es todo, ese es el único elemento probatorio de las hazañas del “Trinche” en la cancha.

Héroe del pueblo

Cuando los ex jugadores de Pinto (Santiago del Estero) volvieron a casa después de ganar la semifinal contra los Cebollitas –las inferiores de Argentinos Juniors- y consagrarse campeones nacionales, todo el pueblo los estaba esperando. Corría el año 1973 y el equipo santiagueño le había “pintado la cara” al plantel donde jugó por primera vez en cancha grande Dieguito, un niño que por aquel entonces soñaba con llegar a jugar el Mundial y ganar en la octava división.

Aquella tarde del año en que había vuelto la democracia a la Argentina de la mano del gobierno peronista, el arquero de Pinto le atajó un hermoso penal a Diego, volando magistralmente hacia uno de los palos. Sus compañeros festejaron durante todo el viaje de vuelta. Al llegar, familiares, amigos y vecinos recibieron como un héroe al arquerito que había conseguido una victoria histórica, que era la de todo Pinto. Los Cebollitas tuvieron su revancha al año siguiente, cuando finalmente se consagraron campeones en los Juegos Nacionales Evita.

Las imágenes de aquel Diego que se ilusionaba con salir del potrero y jugar con la camiseta argentina forman parte del relato que años más tarde lo transformó en un mito insuperable. La repetición una vez y otra de aquella historia, del pibe de Villa Fiorito, que sus hermanitos y compañeros de equipo ya reconocían como un fenómeno y que logró superar todas las adversidades haciendo magia con sus botines, alimentaron una figura enorme que por alguna razón encarna los sueños de miles y miles de jóvenes futbolistas en todo el mundo.

Un mito, el mito

Aquel 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca había más de 100 mil hinchas. Hacía mucho calor y el partido venía 0 a 0. Nadie vio el gol con la mano de Diego Maradona a los ingleses. Ni el juez de línea, ni el referí que lo dio por válido. La mano de Diego -la mano de Dios- aparece visualmente en las repeticiones, en el registro fotográfico y en el comentario que hace segundos después de la jugada, Víctor Hugo Morales.

Apenas cinco minutos más tarde se produciría otro “milagro” futbolístico, que Víctor Hugo comentaría emocionado hasta las lágrimas: “Barrilete cósmico, de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto a inglés, para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina”.

El poético modo con el cual Víctor Hugo relata el gol conocido mundialmente como “el mejor gol de todos los tiempos”, demuestra que la performatividad de un mito, genera al mismo tiempo, un relato sobre la propia identidad, en este caso, la identidad nacional. Hay quienes afirman que el gol de Diego a los ingleses, no hubiera sido igual sin el relato de Víctor Hugo. Hay quienes aseguran que ese gol, fue de los dos. 

Los mitos populares son, antes que nada, construcciones sociales y en el fútbol sobran los ejemplos en los cuales los relatos históricos son refrendados en procesos de identificación. Tatuarse a Diego en la piel, es en cierto modo tatuarse al pibe de Villa Fiorito que salió del potrero para jugar en primera; al que le hizo el gol a los ingleses, pocos años después de que cientos de jóvenes argentinos habían muerto en Malvinas.   

Pero, ¿dónde quedaron las hazañas del “Trinche” Carlovich? ¿Qué fue de la vida del arquerito que le atajó el penal a Maradona y le dio el campeonato a Pinto en 1973? En la construcción de un relato se privilegian algunos significados por sobre otros y si ese relato se vuelve unívoco, se clausuran de algún modo las tensiones propias de toda construcción social.

En el medio, quedan los personajes a los cuales se les reserva el papel de los “otros”, los que no trascendieron la barrera de lo susceptible de ser mistificado, los que por motivos culturales, sociales, políticos, salieron perdiendo el picado de la historia.

El mejor de todos los tiempos

Dicen algunos que Carlovich no logró ser Maradona, porque era un tipo que le escapaba a las presiones que implica el fútbol profesional. Sin embargo, cuando un documentalista español le pregunta recientemente si le gustaría volver a la cancha, al “Trinche” se le anuda la garganta y los ojos se le inundan de recuerdos e ilusiones de otros tiempos.

En el bar de su querido Club Atlético Central Córdoba, donde también trabajó como técnico, Carlovich charla con sus amigos y mira de reojo el televisor. Están pasando una publicidad de YPF, sponsor de la selección nacional en el Mundial de Brasil 2014. La propaganda se llama “Visionarios” y se los ve jugando, de chicos, a Fernando Gago, Lionel Messi, Ezequiel Lavezzi, Javier Mascherano, Maxi Rodriguez y Gonzalo Higuain. “Alguien vio algo, que otros no veían”, narra la voz en el relato publicitario.

“Para mi jugar en el Central Córdoba, fue como jugar en el Real Madrid”, dice el “Trinche”. Afirman, los que lo vieron, que así fue.       
 
(Publicada en revista 'Deodoro' / Mayo 2014)

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