La
Unión Obrera Gráfica Cordobesa escribió un capítulo en la historia gremial del
interior del país. El surgimiento de las cooperativas gráficas dibujó nuevas
estrategias de resistencia y organización en defensa del trabajo. Las luchas
actuales y los desafíos por venir para un oficio marcado por la innovación y la
transformación.
La organización de trabajadores gráficos de Córdoba tiene
sus primeros antecedentes a finales del siglo XIX, cuando participaban de la
vida sindical en un grupo conformado por trabajadores de varios rubros, que por
lo general provenían del anarquismo. Los primeros registros de esta asociación son
de 1896. En 1934 se registró al gremio como Unión Obrera Grafica de Córdoba,
aunque actuaba como Federación, porque se reunía con trabajadores organizados
de San Francisco, Rio Cuarto y otras ciudades de la provincia.
El proceso que se dio inicialmente en Córdoba coincidió con
los movimientos que se producían a nivel nacional. En 1878 nació la Unión
Tipográfica Argentina, uno de los primeros sindicatos del país.
En el marco de su historia reciente las luchas del gremio
de los gráficos se concentran en la mejora del salario y en la pelea contra la
informalidad de sus trabajadores.
Ilda Bustos es la Secretaria General de la Unión Obrera
Gráfica Cordobesa. Comenzó su actividad gremial en el década de 1980 como
delegada, en coincidencia con su ingreso al rubro. “Entré a la actividad gráfica
en el diario Córdoba. Lo primero que hice fue pelearme. Entré a participar de
la vida del sindicato como delegada e integrante de la Comisión Directiva”,
recuerda hoy en su oficina.
Por aquellos años, asumir tareas gremiales no era fácil
porque los delegados no tenían protección legal. Cuenta Ilda que “el escenario
era duro porque todavía estaba la dictadura”. “Teníamos una organización en el
diario que era bastante buena, junto con algunos otros lugares de trabajo o
empresas donde había mucho activismo. Compartíamos espacio con el sindicato de
prensa que estaba intervenido y el nuestro estaba prácticamente acéfalo”,
recapituló.
La actividad entonces era complicada. Los trabajadores no
tenían más herramientas que hacer un paro cuando los despedían o sancionaban.
Además había una legislación complicada que establecía que las empresas tenían
derecho a despedir con causa cuando los trabajadores con actividad gremial
fuesen un “factor real o potencial de perturbación social”.
“En 1982 despidieron a once compañeros sin indemnización.
Habíamos hecho una medida de fuerza y yo me salvé porque ese día tenía franco.
Lo mismo había ido a garantizar la medida. El diario Córdoba duró hasta 1991, con
casi diez años de conflicto”, explicó la actual secretaria general del gremio
de los gráficos.
Por aquellos años no solo había cerrado el diario Córdoba,
sino también Los Principios y esos trabajadores habían quedado en la calle. La
Voz del Interior también había realizado un despido masivo en 1982.
Con la democracia se produjo una explosión para normalizar
los sindicatos. Los gráficos lograron hacer las elecciones el 27 de diciembre
de 1983, 17 días después de la asunción de Raúl Alfonsín como presidente de la
Nación: se convirtieron en un símbolo de aquel resurgimiento.
La década de 1990 fue positiva para los empresarios: no
existía la discusión salarial y pudieron equiparse con tecnología nueva y
acumular capital de trabajo, pero eso no se tradujo en beneficios para los
trabajadores.
Otra
historia
Ilda Bustos logró ser secretaria general del gremio en
2003. Hasta ese año hubo dos listas. Ella pertenece a la verde. “Es verde
porque nos identificamos con la Federación Gráfica Bonaerense, que lo tenía a Raimundo
Ongaro y a la Confederación General del Trabajo de los argentinos como
referentes”. Bustos recuerda que tenían la propuesta de “normalizar la obra
social y recuperar la capacidad de ser firmantes de convenio”. Eso produjo una
fisura fuerte con la Federación, lo que les vale una sanción y terminan renunciando
a la entidad de segundo grado. “Tuvimos obra social propia y después volvimos a
la Federación, por supuesto. También logramos firmar salarios en Córdoba por
encima de lo que establece la pauta nacional. El salario de Córdoba sigue
siendo el más alto del país”, destaca.
“Llegamos a 2003 luchando mucho por defender las fuentes de
trabajo. En ese camino llegamos a las cooperativas para recuperar las
empresas”, señala la gremialista. Ese es el caso de la empresa Gráfica Integral,
en la que el gremio participó de la toma del taller para que el empresario
firmara el traspaso de las máquinas a manos de los trabajadores. También
participó de los procesos de recuperación de El Diario de Villa María y del diario
Comercio y Justicia de Córdoba.
“Nuestra posición siempre fue que los compañeros se
constituyeran en cooperativas y siguieran trabajando. En este momento tenemos
diez empresas recuperadas. Todas son por quiebras, excepto Gráfica Integral”,
explica Bustos.
¿Por qué se organizan en cooperativas? “No hay otra forma
de organización posible”, dice Bustos. “En 2011 se modificó la Ley de Quiebras.
Cuando la empresa quiebra los trabajadores constituidos en cooperativa pueden
solicitar la continuidad y los jueces deben acompañar. El precedente que se
tomó fue el de Comercio y Justicia. Antes los trabajadores quedaban en la calle
y el empresario mandaba testaferros para que compren las máquinas en el remate y
no le quedaba un peso a nadie”, dice la dirigente.
Gráficas
recuperadas
El portón de chapa de la calle Sarachaga, en la ciudad de
Córdoba, se abre y el sonido seco de las máquinas se mezcla con la radio a todo
volumen. En las paredes compiten los afiches futboleros de Belgrano y de
Instituto. En las mesas hay revistas y folletos recién armados. Los
trabajadores de la Gráfica Integral están doblando, troquelando y
encuadernando. El olor de la tinta invade los rincones.
Gabriel Oviedo interrumpe sus tareas para hacer una
recorrida por el taller. Muestra las máquinas y cuenta el proceso mediante el
cual pudieron sumar tecnología para mejorar el servicio y lograr mayor
competitividad en un mercado concentrado. Cuenta que son once los integrantes
de la cooperativa y que antes de ser cooperativistas fueron empleados de la
reconocida gráfica Pugliese-Siena. Cuando la empresa dejó de ser rentable para
sus dueños, los trabajadores decidieron defender sus fuentes laborales, ocupar
el taller y seguir produciendo.
“En marzo de 2011 se nos comunicó que la empresa estaba
atravesando una crisis y que iba a ser difícil continuar”, recuerda Oviedo,
actual presidente de la cooperativa. Los sueldos de la categoría eran
importantes y la poca movilidad del sector melló los cimientos de la empresa.
“Los costos laborales influyeron mucho porque éramos trabajadores con muchos
años de antigüedad”, analiza Oviedo.
Todo cerró el 4 de abril de 2011 en la Secretaría de
Trabajo, cuando se les comunicó a los trabajadores de la ex Pugliese-Siena que
la empresa se disolvía y que cada socio se iba por su lado. Los contratos laborales
caducaban en ese momento y se les hizo un ofrecimiento a los empleados del
taller para el cobro de sus créditos laborales con la maquinaria y los bienes
muebles. Según recuerdan los trabajadores, eso cubrió el 70 por ciento del
monto de las indemnizaciones.
“Éramos diez trabajadores en relación de dependencia más un
vendedor que estaba a comisión y en negro. El monto global de las
indemnizaciones sumaban 2,5 millones de pesos y el informe de viabilidad que se
presentó ante el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes)
cubrió 1,8 millones de pesos. Aceptamos y se hicieron los pasos legales.
Todavía no estaba la modificación a la Ley de Quiebras, que se concretó unos
meses después”, explica Oviedo.
“En la toma, el gremio fue el primero que estuvo presente
con nosotros. Puso a nuestra disposición todo su cuerpo letrado”, recuerda Oviedo.
Además del caso histórico de recuperación del diario Comercio y Justicia, que
fue una de las primeras empresas recuperadas, también hubo otras un poco más
chicas como El Diario de Villa de María que optaron por conformar una
cooperativa. Sin embargo, el caso de la Gráfica Integral marcó un antes y un
después en la historia de la recuperación de empresas en gráfica, que fue
posible por la voluntad colectiva.
Pugliese Siena era una firma reconocida por su excelencia,
que se fundaba en la capacidad de sus trabajadores. “Nunca hubo inversión en
maquinaria. Seguimos trabajando con las máquinas de hace 30 años”, dice el
presidente de la cooperativa.
Como muchos de sus compañeros, Oviedo comenzó muy joven con
el oficio gráfico. “Hoy tengo 44 años y arranqué a los 14. Por una necesidad
familiar tuve que empezar a trabajar muy joven. Mis primeros pasos en la
gráfica fueron como cadete en Biffignandi, un establecimiento histórico de
Córdoba que en ese momento estaba en la calle 25 de mayo”. Su primer día de
trabajo Gabriel llegó a Biffignandi con las manos en los bolsillos. “Recuerdo
que Humberto Montoya, que fue uno de mis primeros maestros en el arte de la
tipografía, me dijo: ‘Mijo, lo primero que vamos a hacer es sacar las manos de
los bolsillos’. Y así fue”, relata.
A partir de ese momento Oviedo empezó a aprender el antiguo
oficio de la tipografía, de la linotipia. Fue adquiriendo conocimientos en
encuadernación e impresiones tipográficas. Después empezó a surgir el offset y
años más tarde presentaron la primera computadora Mac, que hoy se usa mucho en
diseño. “Estuve en la presentación de la primera máquina que llegó a Córdoba. Es
un oficio que llevo desde toda la vida”, señala Oviedo.
Hoy está abocado a la parte administrativa de la
cooperativa, una de las tareas que los trabajadores de la ex Pugliese-Siena
tuvieron que asumir tras concretarse la recuperación. Oviedo recuerda aquellos días
de incertidumbre y destaca el compromiso asumido desde el principio con la
autogestión. “A mí me agarró con 40 años de edad. A otros los agarró con más
edad o siendo más jóvenes y con posibilidad de emigrar a otra empresa del
rubro. La decisión de continuar juntos fue colectiva. Siempre habíamos tenido
la tranquilidad de venir, marcar tarjeta, hacer el trabajo, marcar la salida e
irnos a casa y cobrar el sueldo los primeros días del mes. Muchas cosas se
perdieron en la transición y hubo que madurar otras tantas. Madurar una
autogestión es un paso muy importante que todo trabajador tiene que hacerlo
desde el comienzo. No solo tenés que trabajar por tu empresa, que es también la
del otro, sino que también hay que saber administrar recursos, cuidar los clientes
y captar otros nuevos. Hay que conocer los dos lados del mostrados”, explica el
presidente de la cooperativa.
Al principio los trabajadores de la Gráfica Integral
contaban con las máquinas que recuperaron de la ex Pugliese-Siena. Luego sumaron
otras con ayuda del Ministerio de Desarrollo Social y también a través de los
programas del Ministerio de Trabajo de la Nación. Integrar la Red Gráfica
también fue clave para continuar produciendo.
Al principio la cooperativa contaba con tres impresoras y
una guillotina. Hoy lograron sumar una troqueladora, una revistera, una
dobladora de folletos, una laminadora para plastificado opaco, una máquina para
puntillar y una pegadora Binder.
La
salida cooperativa
Durante los últimos años, varias empresas que habían
empezado a fallar se convirtieron en cooperativas. “A través del gremio estamos
tratando de juntarnos y empezar a transitar el camino de la Federación de la
Red Gráfica. Queremos fundar en Córdoba una regional de la Red para que las
cooperativas gráficas de la provincia tengamos una entidad de segundo grado que
nos nuclee y que nos ayude a gestionar recursos conjuntamente”, relató el
presidente de Gráfica Integral.
Hoy hay una decena de cooperativas gráficas trabajando en
Córdoba y la Red Grafica nuclea a 47 entidades a nivel nacional.
Según dijo Ilda Bustos, la experiencia de la Gráfica
Integral “es única” y el resultado de las diez cooperativas es disímil. “En
Gráfica Integral, desde el día que decidieron tomar la empresa y no dejar
entrar a los dueños, coincidieron en que tenían que ir hacia la cooperativa.
Esa experiencia no se repitió más. En otros lados tenemos que estar horas y
horas explicándoles que no hay patrón, que la empresa es de ellos”, explica
Bustos.
La idea del patrón es difícil erradicar. Por lo general la
defienden los trabajadores más antiguos para quienes la jubilación es un problema.
“Intentamos lograr que en caso de quiebras en las que los trabajadores
estuvieron en relación de dependencia, se les reconozcan los años en la cooperativa
como continuidad para su jubilación. Tenemos jubilados que no quieren irse y
eso plantea otro conflicto”, reconoce Bustos.
Luchas
de ayer y hoy
Hoy la Unión Obrera Gráfica Cordobesa tiene 1300 afiliados
en toda la provincia. La escala salarial contempla diez categorías y el salario
básico está en 10 mil pesos.
Aparte de sostener la actividad normal que implica las
inspecciones y combatir el trabajo en negro –que es muy habitual en la
industria gráfica– el gremio sostiene además la obra social y una fundación a
partir de la cual promueven actividades culturales y de apoyo a las políticas
que luche por los derechos humanos.
“Aparte estamos vinculados a la Confederación General del Trabajo
Regional Córdoba, para que siga siendo una referencia y mantener la unidad de
los sindicatos de Córdoba. Eso se refleja en un accionar solidario que defiende
los derechos de los trabajadores y no los intereses de los dirigentes”, explica
la secretaria general de los gráficos.
El oficio
Cuando Ilda Bustos entró al diario Córdoba hacía lo que se
denominaba tipeado. Al poco tiempo se introdujo la nueva tecnología, con
máquinas parecidas a las computadoras actuales. “Tenían sistemas que
diagramaban la página. A los pocos años ya se introdujeron los primeros page maker para armar avisos y textos.
Cuando yo ingresé se procesaba ese material que tipeábamos: era una cinta
perforada que un procesador leía y se revelaba en un papel fotográfico que era
carísimo”, recuerda.
Consultada sobre cómo le iba en el taller siendo mujer,
Ilda cuenta que ingresó al diario en un momento en que cambiaba la tecnología.
“Se pasó del sistema de impresión en caliente al frío, lo que se llama offset.
Este sistema necesitaba tipeadores, una tarea que se parecía mucho a la
mecanografía y reemplazaban a los viejos linotipistas, por eso ingresaban
mujeres. Las mujeres también ingresaban a la industria gráfica con la
encuadernación y a las secciones de pre impresión en general. Ahora hay
compañeras que incluso imprimen. Cambió un poco todo eso”, dice Ilda.
(Nota publicada en revista Energía + del mes de octubre de 2015)
