jueves, 2 de julio de 2015

Actores en tiempos de organización




Ser actor es una elección que implica definiciones políticas y económicas. La lucha por una jubilación y por las leyes que faltan son los motores para la organización. Un recorrido por la historia y los desafíos de la Asociación Argentina de Actores y por su rol en la defensa de los derechos de los trabajadores de las artes escénicas en el centro del país.



 Elegir ser actor en Córdoba implica reconocer que hay actores que la pegan y hay actores que la pelean sin ver un mango. En el medio existen un sinnúmero de grises que tienen que ver con las propias definiciones en relación al arte y con las posibilidades materiales de sostenerse en medio de una jungla donde aparecer dos minutos en televisión es más valorado económicamente que hacer una obra épica en una sala de teatro independiente. En el medio está la política y en el centro de la política están la militancia y las facturas que vencen a fin de mes.

Trabajar como actor es también encontrarse sin un peso a la edad en la que la mayoría de los trabajadores se encuentran con una jubilación. Elegir la actuación es una apuesta por el arte que conduce a la organización colectiva como estrategia de supervivencia y de creación.

Desde hace varias décadas existe en Córdoba un gremio que nuclea a los actores y actrices de la provincia. Se trata de la Asociación Argentina de Actores, un sindicato nacional que se conformó como delegación a nivel local enarbolando los derechos de los trabajadores del teatro, del cine y de la televisión como banderas desde donde construir una identidad común.

Los pasos previos

Juan José “Toto” López está en Casa Grote, “un lugar para creer”, que se erige en pleno corazón de barrio General Bustos de la ciudad de Córdoba y que pronto cumplirá 15 años de vida. En la cocina están armando las empanadas que esta noche alimentarán a quienes participarán de la velada teatral. En la galería, Toto deshilvana recuerdos con la mirada encendida, mientras saluda a los actores que se preparan para la función que comenzará en un par de horas.

¿Cómo fueron los inicios de la organización gremial de los actores en Córdoba? Ante la pregunta, una imagen tan viva se desprende del relato de Toto, que la acción parece estar sucediendo en este instante: un grupo de actores corren perseguidos por la Triple A y uno de ellos tira al río unos papeles. Cuenta Toto: “En 1975 vino a Córdoba el ‘Beto’ Brandoni, que era secretario gremial en esa época. Nuestra sede ya funcionaba en el Teatro del Boulevard. Tras la figura de Miguel Iriarte nos parapetamos nosotros. Estábamos en un acto y cayó la Triple A. Salimos disparando. Ivo Oyola tenía un cajoncito con todas las afiliaciones. Como el Teatro del Boulevard tenía una ventana que daba al río, el Ivo saltó por la ventana y corrió en calzoncillo y suecos. Iba tirando las tarjetas al río para que no las agarraran”.  Toto recuerda y se ríe con los ojos mojados.

El gremio había nacido al calor de la lucha obrera y estudiantil del Cordobazo y tomó forma con el peronismo de 1973. En esa época nacían grupos de teatro que no se sentían contenidos con la dramaturgia heredada de las generaciones anteriores y consideraban urgente expresar lo que pasaba a su alrededor. Esa lucha expresada en las barriadas, en las villas, en el campo, en las fábricas, en la universidad, en los colegios secundarios, generó  organizaciones nuevas y creó grupos de teatro que apostaron a la creación colectiva como fórmula de expresión y producción.

“La creación colectiva es un fenómeno de la ebullición de aquel momento, trasladado al teatro. Allí, –al calor del grupo Libre Teatro Libre, del grupo La Chispa, del Teatro de Grupo (de César Carducci), del Teatro Estudio Uno de Villa El Libertador– trabajamos con esa metodología, estábamos investigando, balbuceando lo que hoy se llama dramaturgia de actor”, recuerda Toto.

El método era más o menos así: alguien escribía y los otros improvisaban sobre, por ejemplo, un conflicto gremial. “Entonces íbamos a la puerta de la fábrica a actuar el conflicto, porque había un capataz que era pro patronal, y hacíamos una referencia a eso con los trabajadores en los sindicatos, en el movimiento estudiantil, en las tomas de fábricas, en los barrios, en las parroquias”, relata el integrante del Grupo Los de la Vuelta, que en sus largos años de carrera también hizo ficción en televisión y hasta una publicidad para una marca de galletitas.


“Ahí decidimos fundar el gremio”, resume Toto. Era 1973 y el primer gremio que fundan nace con el nombre de SITRATEA, en clara alusión al SITRAC-SITRAM, el sindicato de los trabajadores de MaterFer y de ConCord. “Fijate vos la tremenda identificación que teníamos con el movimiento obrero, que nuestro sindicato se llamó así. Fuimos a las elecciones con el sector peronista y ganamos por un voto: 151 a 150. Fue una elección histórica. Fuimos a pedir el reconocimiento de Buenos Aires en un Citroën, todos emponchados. ‘Uh, ahí llegan los montoneros’, decían allá. Haciendo referencia no al movimiento peronista, sino a las montoneras de los federales del interior. Íbamos a patear el tablero. Peleábamos por el gremio”.

El sindicato de los actores siguió funcionando hasta finales del 75. “Todos habíamos sido amenazados por la Triple A versión Córdoba: el Comando Libertadores de América. Si hacía una función el Libre Teatro Libre, nosotros les hacíamos una guardia de seguridad. Y ellos a nosotros. Tenemos varios chicos desaparecidos del Teatro Estudio 1. Un compañero del grupo La Chispa fusilado. El lunes 1° de junio de 2015, Luciano Benjamín Menéndez fue condenado por el fusilamiento del actor Jorge Diez y otros dos militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Por eso esta sala se llama Jorge Diez, en homenaje a ese gran compañero”, cuenta Toto.    

Con la dictadura, los grupos se dispersaron y la mayoría de sus integrantes se exiliaron. Graciela Mengarelli y María Escudero, secretaria general y secretaria gremial respectivamente se fueron, la primera a Brasil y la segunda a Ecuador, donde fundó el grupo de teatro Saltamontes.

Toto López fue secuestrado el 20 de abril de 1978 por una patota de unas 10 personas vestidas de civil en la verdulería que tenía en el barrio Iponá de la ciudad de Córdoba. Fue encapuchado y trasladado a lo que después supo que era el centro clandestino de detención La Perla. Después de salir en libertad y de un encuentro con Brandoni y Federico Luppi, empezaron a reactivar la Asociación Argentina de Actores.
 

Pedían generar una industria teatral, que existieran cooperativas de trabajo, que empezara a normalizarse y a regularse la actividad. “Queríamos ser profesionales y vivir de nuestro trabajo, independientemente de los compañeros de los elencos estables de la Comedia Cordobesa o de la Comedia Infanto Juvenil, que estaban encuadrados como empleados públicos de la provincia”, explica Toto.

Después de la reunión con Brandoni intentaron recuperar el espacio gremial: “Todavía estaban los milicos, estaba prohibida la actividad sindical, las reuniones. Fuimos audaces. Yo estaba con libertad vigilada así que no podía salir de la ciudad de Córdoba. Invitamos a Cheté Cavagliatto, a José Luis Arce, a Omar Res, Adelina Constantini, a Silvina Reinaudi, a Luis Lucero y a Horacio Gramajo. Ese era el grupo originario. Después ampliamos y armamos una lista”, dice Toto. Y agrega: “Sabíamos que en las asambleas había servicios de inteligencia de los milicos y de la Policía. En esa época estaba todo regido por el Tercer Cuerpo del Ejército. Pienso en el coraje que tuvimos. Y un poco de inconciencia. Pero necesitábamos pelear por la legalidad”. Y el gremio se hizo fuerte.


Luchas históricas y recientes

La jubilación de los actores siempre estuvo en la agenda gremial y continúa siendo una materia pendiente, aunque  en los últimos años se alcanzaron algunas conquistas. A nivel municipal se creó el Fondo Estímulo a la Actividad Teatral Cordobesa (FEATEC) y del ‘Teatres’ entre finales de los noventa y comienzos del nuevo siglo, lo que abrió una pequeña grieta desde donde gotean recursos para los grupos de teatro independiente en Córdoba. A esto se sumaron las líneas de fomento aplicadas desde la Dirección de Cultura de la Provincia, hoy llamada Agencia Córdoba Cultura.

El Instituto Nacional del Teatro (INT), conseguido también en los noventa a fuerza de militancia, fue un logro inmenso para los hacedores del teatro, en términos de la institucionalidad de la actividad y de posibilidades de financiamiento para las salas independientes. El INT también organiza concursos y otorga premios para los actores que se destacan, al tiempo que aplica becas y subsidios para fomentar la actividad.    

La denominada Ley del Intérprete fue otra gran batalla ganada por los trabajadores. En 2008 y luego de 73 años de lucha, finalmente los actores y también los bailarines argentinos lograron que la normativa fuese reglamentada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Con esta Ley, los actores y bailarines pasaron a percibir un pago por la emisión y repetición de cada programa o película en la que hayan participado y que se emita por televisión, en empresas de transporte (aéreo y terrestre) y en hoteles.

Esto se consiguió a partir de la reglamentación del artículo 56 de la Ley 11.723 de propiedad intelectual que implicó reconocer los derechos de imagen de los actores. Hasta ese momento los actores no percibían ningún pago por la repetición de programas o películas en los que trabajaron, mientras que las empresas que los contrataban sí recibían dinero por la reposición de las obras.

Sin embargo, la Ley del Actor, que es la que garantizaría una jubilación para los trabajadores de las artes escénicas, aún no fue avalada por el Congreso. Es el principal asunto pendiente y una de las banderas que defiende y promueve la Asociación Argentina de Actores.  

María Malcoff, delegada gremial de la Asociación Argentina de Actores en Córdoba, reconoce esta deuda aunque también rescata la aplicación de políticas públicas de fomento a la producción audiovisual: “Desde hace cuatro años se abrieron en el interior del país los concursos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Eso dio una pantalla a actores que no la tenían. Muchos de ellos migraron a Buenos Aires, que es donde está la industria. Acá se han hecho diez mini series en estos últimos años, que han sido premiadas”, analiza la actriz.

Con respecto al desarrollo del teatro en Córdoba, Malcoff reconoce que “al no tener pantalla para los actores locales, el público no va a ver las obras de teatro. Entonces dejan un vacío de trabajo. Todo lo que van a ver al teatro es lo que ven por televisión. Si tuviéramos una pantalla más caliente en Córdoba, con horarios centrales, programas nuestros, novelas nuestras, el público vería a sus actores en la pantalla y luego en el teatro”.

Martín Cabrera es actor, murguista e integra la nueva Comisión Directiva del gremio como delegado de comunicación y acción social. Recuerda: “Cuando se hizo la serie La Purga, Pablo Tolosa estaba haciendo una obra teatral y la gente que lo veía en Canal 10 lo iba a ver al teatro”.

Otro asunto es que en Córdoba no existe una mesa paritaria local. Esto implica que la pauta salarial se define a nivel nacional en Buenos Aires, donde funciona la casa matriz de la Asociación Argentina de Actores.  Tampoco se aplica el derecho a la repetición de la imagen en el interior provincial, lo cual representa una bandera de lucha a nivel local en relación al Convenio Colectivo de Trabajo que rige la actividad. La Ley provincial de Teatro es otro de los asuntos pendientes: nunca fue aprobada.

“Acá estamos muy lejos de lo que cobraría un actor en Buenos Aires. Los únicos actores que tienen vacaciones, aguinaldo y están en blanco son los compañeros que pertenecen a la planta de la Provincia. Pero los que son contratados por una o por dos veces, no cobran en las mismas condiciones. Nosotros no tenemos relación de dependencia”, explica Malcoff.

Hoy un actor que trabaja en una mini serie puede cobrar unos 75 mil pesos por tres meses de trabajo intenso. Si bien la suma resulta considerable, el problema del actor es la irregularidad de sus ingresos. La única alternativa de estabilidad es la de integrar un elenco municipal o provincial. Sin embargo, los actores dicen que la Provincia hace años que no realiza concursos y los cargos suelen ser vitalicios.

Frente a este escenario, Martín Cabrera y María Malcoff, que pertenecen a generaciones distintas, reconocen al gremio como un espacio de construcción colectiva necesaria para sobrevivir y pelear por los derechos laborales de los actores. “Hace treinta años que soy afiliada. Siempre estuvo el tema de la jubilación, de los productores que no quieren pagar, de las paritarias. No había trabajo y estaban las listas negras. ¿Cómo subsistían los actores en ese momento? Por las rifas de la Asociación Argentina de Actores”, recuerda la actriz. Para Malcoff, el gremio es “un espacio de identidad”. Cabrera, por su parte, dice que la intención es “recuperar el gremio como espacio de pertenencia y retomar el diálogo entre compañeros”.

Mientras tanto, en la sede de la Asociación pasan actores y actrices a presentar o solicitar facturas por trabajos que hicieron. Una de las funciones esenciales de la entidad es hacer viable la facturación de sus asociados. En el marco de un sistema solidario, el tres por ciento del monto facturado queda para sustentar la obra social y tres por ciento para las actividades del gremio.

 

Una gota de lluvia

Jorge Villegas es director de teatro y un obstinado que banca sus definiciones con el cuerpo. Eligió el teatro como un acto de transgresión cuando estaba en el secundario. Hoy dirige el grupo Zeppelin Teatro que está cumpliendo veinte años y hace poco dirigió la obra Tosco, de Alejandro Finzi. Con una larga trayectoria, Villegas se ha convertido en un hacedor cultural que elige el lugar incómodo de interrogar políticamente al teatro.

Villegas se considera un laburante, está afiliado al gremio y dice que para hacer teatro también hay que hacer otras cosas: “A la gente que se dedica a la actividad artística le cuesta mucho vivir de lo que hace a no ser que trabajes en la Comedia Cordobesa, donde ganan 12 mil pesos. El independiente tiene que dar clases y juntar muchas actividades para ganar la plata que te permita vivir, viajar y comprar libros”. Villegas explica que en teatro ser independiente es una definición política sobre el arte: “El término independiente se encolumna con el teatro de Leónidas Barletta, de Roberto Arlt, con las décadas del 20 y del 30, con el teatro del pueblo”.

La independencia también se plantea en relación al Estado y a las productoras privadas, que son las patronales por excelencia. Para garantizarse condiciones laborales dignas –intentando sostener la libertad creativa– los actores y directores cuentan con una larga historia de organización que devino en la sanción de leyes fundamentales para la actividad y que se expresó en el espacio gremial, pero también en una serie de estrategias de supervivencia.   


Hay quienes trabajan en la televisión, hay quienes integran una cooperativa teatral, hay quienes cuentan con sala propia y hay otros que se las rebuscan para mostrar su trabajo donde surja la oportunidad. Hay actores que militan, otros que se resguardan en la figura del artista y hay quienes conjugan ambas cosas.

“¿Por qué somos trabajadores?”, se pregunta Toto López. “Porque cuando te contratan hay una relación de dependencia. Así vos hagas una aparición de un minuto, ese minuto significa que soy un trabajador de teatro. Hay algunos compañeros que dicen: ‘Ah, no, yo soy artista’. Nosotros somos trabajadores con un capital acumulado, horas de culo sentado estudiando, horas de cuerpo agitándose para que esté dúctil, lo que significa el estado creativo”, reflexiona el actor.

Villegas prepara el mate antes de salir para la escuela secundaria donde enseña teatro. Cuando sus alumnos le preguntan por qué hace esto si tiene que viajar a dar clases en colectivo, él responde: “Si solo tengo que ser una gota de lluvia en el desierto, seré la gota de lluvia”.
(Nota publicada en revista Energía + del mes de julio de 2015)