jueves, 3 de diciembre de 2015

Córdoba en orsai: estrategias con tonada, para jugar al margen de la industria


Comunidades de lectores que compran libros antes de que salgan, música circulando libremente en la web y financiamiento colectivo para hacer películas. Artistas locales que se la juegan y públicos comprometidos que se ponen la camiseta. El objetivo: dejar fuera a los intermediarios.  

Si nos ponemos a pensar, nadie inventó nada. Gieco le copió a Bob Dylan y Keith Richards le copió a Charly García, como lo afirmó con actitud Say No More el padre de “Kill Gill”, un disco que se empezó a difundir en las redes mucho antes de contar con la edición final del sello discográfico EMI, con el cual García había firmado contrato.

Ni siquiera el título de esta nota es original. La idea de encontrarse en “orsai”, fuera de juego frente a las reglas de la industria, fue un invento del señor Hernán Casciari. Afortunadamente, Casciari jamás leerá esta nota y muy probablemente tampoco tenga entre manos presentar una demanda judicial por violación a sus derechos como autor.

El creador, primero del blog y después, de la revista Orsai conoce muy bien cuan destrozados quedan los derechos de los autores al intentar formar parte de un mercado editorial concentrado. Además sabe que “Orsai” ya no es de su exclusiva propiedad, sino que le pertenece también a la comunidad de miles de lectores que compraron y distribuyeron su revista en todo el mundo.

Una buena parte de estos lectores comprometidos es de origen cordobés. Junto con Montevideo, Rosario y Buenos Aires, Córdoba cuenta con una de las mayores comunidades “Orsai” de todo el planeta tierra. Y esto no es casual. En esta provincia alejada del mar, las experiencias culturales de organización colectiva hacen olas y forman parte de una extraña obstinación que en los últimos años se ha convertido en sello propio.

Quizás una de las experiencias más próximas en el tiempo sea la del nunca tan nombrado, “Cine Cordobés”. Con la nueva marea de producciones locales -post Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual- salieron a la cancha películas como “El invierno de los raros” (Dir. Rodrigo Guerrero), “De Caravana” (Dir. Rosendo Ruiz), “Hipólito” (Dir. Teodoro Ciampagna) y por estos días están asomando “Tres D” (Dir. Rosendo Ruiz) y “Atlántida” (Dir. María Inés Barrionuevo) dos nuevas apuestas que se animan a contarle al mundo (ya sucedió en Bafici, en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam e incluso en el Festival de Cine de Berlín “Berlinale”) que los productores audiovisuales cordobeses no están dispuestos a ceder ante un mercado históricamente concentrado en Buenos Aires y reglado por las recetas de Hollywood.

Claro que en el caso del audiovisual, resultaron fundamentales las políticas públicas de aliento a la producción a través del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), institución que también dio un empujón a las productoras locales, a través de los concursos federales, para insertar contenidos propios en las nuevas pantallas de la Televisión Digital Abierta (TDA). Solo en 2010, año en que se produjo una especie de boom del sector, el Ministerio de Planificación Federal de la Nación inyectó en la Provincia cerca de 5 millones de pesos para la realización de series de ficción y documentales.

Así, en el marco de esta nueva ola audiovisual, surgieron productos netamente cordobeses como Edén, La Purga, La 40, Las otras Ponce, Corazón de Vinilo y Córdoba Castings que se animaron a abandonar el “porteño neutro” para asumir el arrastre de la tonada y proyectarlo hacia el territorio nacional.

Pero además de contar con un Estado presente, los productores audiovisuales de Córdoba también se las rebuscaron con estrategias de financiamiento colectivo. La película “El espacio entre los dos”, dirigida por Nadir Medina, un joven guionista y director cordobés, fue realizada de manera independiente, a través de un sistema denominado “crowdfounding”, que en criollo significa: financiación en masa. Esta herramienta que actualmente utilizan reconocidos directores, como David Lynch, le sirvió al equipo de “El espacio…” para recaudar cerca de 10 mil pesos, la mitad del presupuesto total de la película que, por cierto, fue notoriamente bajo.  

Otros cordobeses también recurrieron a esta alternativa de financiamiento colectivo. El periodista de los SRT Víctor Pintos utilizó el portal Idea.me para recaudar fondos para la re-edición de uno de sus libros. Pintos relanzó el trabajo en el cual cuenta la historia de José Alberto Iglesias, más conocido como “Tanguito”, luego de que pudo recuperar los derechos que había cedido a la editorial Planeta en la década del ’90 y en base al aporte de cientos de potenciales lectores.

Editoriales independientes como “Ediciones de la Terraza” recurrieron también al crowdfounding a través del portal “Panal de Ideas”, que les permite financiar la publicación de sus libros e ingresar luego con el producto al circuito de las librerías. 

La venta anticipada, implica de alguna manera un compromiso directo entre el artista o pequeño productor y el consumidor, salteando intermediarios. Quien realiza la compra se transforma así en una suerte de mecenas y se ve incluido en el circuito de producción del libro, del disco o de la película que aún se encuentra en estado de ‘promesa’.    

Para contrarrestar la concentración de la industria discográfica, la liberación de singles o la difusión de discos completos en la web, también son estrategias cada vez más visitadas por estas latitudes. Lucas Heredia fue uno de los primeros que se animó a subirse a la movida que ya había lanzado al mundo la banda Radiohead cuando liberó el contenido de su disco “In rainbows”, conservando la propiedad de los derechos sobre la obra. 

El sello cordobés “Ringo Discos” también se atrevió a cuestionar las reglas de la industria. Los discos de los artistas con los que trabaja se encuentran disponibles en la web para escucharlos y descargarlos de manera gratuita. Lo curioso es que, poniéndonos Bourdieanos, este tipo de estrategias no son exclusivas de los músicos ‘poco consagrados en el campo’. Hurgando un poco la red es posible encontrarse también con artistas exitosos, quizás no tan mundialmente masivos como Radiohead, que deciden liberar parte de sus producciones en sitios como Taringa!.

De alguna manera, el mensaje entrelíneas que advierten estas prácticas orientadas a compartir en las redes, es que la industria discográfica está en vías de extinción y que el disco no representa el principal ingreso para un artista. De hecho, Carlos “La Mona” Jiménez es prácticamente el único artista local que logra vender sus discos como pan caliente. Para el resto, la realización de shows se transformó en la principal manera de sostener la actividad, siempre pensada por fuera de los contratos leoninos de los grandes sellos que concentran el mercado nacional e internacional (Universal, Warner y Sony Music) y que defienden los derechos de propiedad intelectual en beneficio propio.

De todos modos, es cierto que si bien el mercado se encuentra en plena transformación, el CD todavía es la carta de presentación de un artista y producirlo representa todo un desafío económico. Además de los costos fijos de de grabación, diseño gráfico y masterización del material, el artista debe resolver el copiado y luego la distribución. En el caso de la música, las alternativas de financiamiento vía crowdfounding permiten calcular la cantidad de copias en función de la demanda real y resuelven al mismo tiempo la distribución. Artistas y grupos locales como La Viajerita, Viaje a un Minúsculo Planeta, Un día perfecto para el pez banana, Enrico Barbizi y Diego Marioni, entre otros, recurrieron a campañas de preventa a través de Facebook o del viejo “de boca en boca” para editar de ese modo su obra musical.  

Las experiencias de financiamiento colectivo en Córdoba son infinitas y jugar en “orsai” es prácticamente una marca registrada para los artistas de por acá. Quizás el mayor desafío y el mérito más importante de los músicos, los editores y los realizadores locales sea el de imaginar y concretar colectivamente cosas imposibles. 
(Publicada en revista 'Deodoro' / Octubre 2014)
 

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